La ignorancia

¿Qué hacer? Esa es la pregunta que surge en todos lados y en muchos frentes después de la elección del primero de julio en México. Ni siquiera quienes han sido reconocidos como virtuales ganadores han sabido contestar esta pregunta. Ni siquiera ellos supieron si salir a celebrar su triunfo en un país que se había caracterizado por la pachanga después de la elección.

Cortesía: Presidencia de la República

No saben qué hacer con las acusaciones a las que han estado sometidos en estos días y desde que inició la campaña. Ahí está el caso del Sorianagate, pero también del Monexgate y del Telegate, y de tantos otros. Saben decir “categóricamente” y saben negar y deslindarse de todo. De sus acompañantes incómodos. De sus ex-gobernadores corruptos, de la DEA, de Hacienda, de un infame ex-presidente, del tío filantrópico, de las televisoras con quienes han cenado bajo la luz de las velas. Piden que todo vaya a las instituciones, a las pruebas, a la justicia. Sí, la misma que ha brillado por su ausencia durante tantos años en este país.

Pero también están los del partido que terminó en tercer lugar. Los que querían salir a reconocer la derrota antes de que se cerraran las casillas. Salieron y lo hicieron, pero la cosa no es reconocerlo. La cosa es entender qué fue lo que pasó, de dónde vino el fuego, de dónde la debacle. Un partido que con dos presidencias a sus espaldas no se hizo más fuerte, sino más débil. Un partido dividido y sumido en una crisis que no respeta géneros. Ellos tampoco saben qué hacer.

No saben si despedir a su dirigente nacional o perdonarlo. No saben si respaldar al presidente o apartarlo del partido. No saben cómo, cuándo y en qué cooperarán con el nuevo gobierno. Las últimas investigaciones vienen a comprobar que aquello de la ropa sucia azul no se lava en casa: que si la candidata no era la favorita del presidente, que si no contó con apoyo alguno, que si cada quien en esa candidatura buscaba algo distinto y que la única que buscaba la presidencia, o ganar, era la misma candidata. Terrible el lastre con el que cargaron durante la elección, pero también lamentable la manera en la que no supieron capitalizar esos famosos 7 puntos que escucharon los banqueros algún día y que al final terminaron siendo de otros.

Tampoco saben los de la medalla de plata, bien a bien, qué procede. Hasta el momento han cerrado filas en torno a las palabras de su candidato. A su apego al marco legal y a la denuncia de una elección “inequitativa”. No saben qué hacer porque lo que pudieron haber hecho no lo hicieron. No construyeron un caso durante la campaña, no denunciaron a tiempo, no sabían si decirle a la gente que aceptara o no los regalos, y luego qué hacer con ellos. No saben ahora si les alcanzará el tiempo para revertir lo que no hicieron antes. No saben si fue por sus errores y omisiones o por la “imposición” y la “suciedad” que supuestamente perdieron la elección. No saben si alguien, más allá de la sociedad y algunos medios, los escucharán en su demanda de justicia y transparencia. No saben si ellos mismos no tienen prácticas similares que esconder en algunos estados. No saben si pedir la renuncia del consejero presidente del instituto electoral o convocar a marchas nacionales.

Y no saben porque en el fondo no saben qué hacer con su candidato. Aquel que logró unir a “las izquierdas” en dos procesos cuando esto parecía imposible. Aquel al que 15 millones de personas siguen y confían en él. Aquel que ha sido su líder moral, aún sin militancia propia. Aquel que ha tenido la última palabra en muchas decisiones políticas de los últimos años y que hoy vuelve a tenerla. Pero las voces a favor de un retiro suenan cada vez más fuertes, las corrientes dentro de los partidos se ven cada vez menos convencidas de que él es el camino. No saben bien qué hacer. Ni él mismo.

Aunque la ignorancia más grave es la de nosotros los ciudadanos. No sabemos qué hacer frente a un proceso que nos dicen fue “ejemplar” y “modélico” y frente a las horas de video en redes sociales que apuntan a otro lado. No sabemos cómo actuar frente a los miles que ahora canjean sus tarjetas en tiendas de autoservicio. No sabemos a quién dirigirnos, a quién decirle que estamos decepcionados de nuestra política, de nuestros políticos, de nuestras instituciones que aún son muy débiles. No sabemos cómo fortalecerlas. No sabemos qué hacer con la evidencia, no sabemos qué hacer para decir que esto no es lo que queremos. No sabemos cómo vivir en un mundo que no es lo que quisiéramos.

No tenemos por qué saberlo.

Vamos buscando las respuestas de algunas cosas. Vamos, con la razón, a negarnos a otras.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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