El país de la fe

En México, muchas cosas se deciden con los ojos cerrados. Sin una certeza plena, el país se mueve entre la fe de millones y el conocimiento de pocos. Esto no es nada del otro mundo. ¿De qué manera explicar si no la Basílica? ¿Esa aparición milagrosa de la virgen morena a San Juan Diego? Esa fue en realidad la primera piedra de la nación que hoy conocemos como México.

Virgen de Guadalupe, sino nacional. Cortesía: Wikimedia Commons

Dejemos de creer que fueron Hidalgo y Morelos los fundadores de la patria. El verdadero prócer al que deberíamos de idolatrar y renombrar estaciones de metro en su nombre es San Juan Diego. Se dice que por allá de 1531 (apenas unos añicos después de la traumática conquista) en el cerro del Tepeyac, Juan Diego Cuauhtlatoatzin se convirtió en el primer indígena de América Latina en presenciar la aparición de una virgen. En este caso, la aparecida fue la Virgen de Guadalupe, y la historia de su eternización en el ayate de Juan Diego es parte de una mitología nacional que ha reproducido la imagen hasta los límites de lo posible. Muchos mexicanos identificarían primero a la virgen que al escudo nacional. Por ahí va la primera clave.

Todo lo anterior, para entender que en México muchas cosas suceden en el umbral de la fe. Mucho se mueve en términos de creer o no en esto o aquello. Algunos ejemplos pueden ayudar mejor a comprender este fenómeno empírico.

El reciente proceso electoral mexicano es una prueba fehaciente del poder de la fe en nuestro país. Empezando por las campañas, donde un instrumento que se supone serio, científico, matemático, infalible, probado, demostrado y estandarizado internacionalmente–como lo son las encuestas–termina siendo una cuestión de fe pura. La pregunta no era “¿cómo ves esta o tal encuesta?” sino “¿a poco crees en esta o tal encuesta?”.

Es decir, en México, ni la certeza matemática, el margen de error y convenciones estadísticas mundiales aplican. Comprensible quizá que en la primaria aún nos resistamos a la materia de los números, y que años después olvidemos los sencillos pasos del álgebra. Pero ya hemos tomado el paso siguiente, que es hacer de los números un asunto de fe. Ni el mismo San Agustín lo hubiera predicho. Caray, qué gusto nos habrá dado escuchar recientemente que unos científicos encontraron la “partícula de Dios”. Cosas curiosas de este planeta.

Pero ese no es el único asunto en el cual los mexicanos tienen que depositar su fe. Está también el tema de los candidatos. Tenemos a uno que jura y perjura que se compraron 5 millones de votos durante la elección pasada. Empieza diciendo que las tarjetas de Monex y Soriana son la prueba contundente. Y al mismo tiempo, tenemos frente a nosotros los desplegados públicos de las empresas que niegan rotundamente las acusaciones. El asunto se convierte en la palabra de uno contra otro. ¿A quién creerle?

Aunque la pregunta principal es otra, ¿por qué llegamos a ese punto donde todo se vuelve una cuestión de fe? Es decir, no se puede dudar ni tantito de lo de compra de votos, y del monto y de las operaciones y demás porque entonces automáticamente uno se vuelve peñista y enemigo más de la nación y la democracia. Así que el ciudadano queda en la difícil posición de tener que escoger a quien creerle. Es aquí donde encuentro también el problema más próximo: el de los medios de comunicación.

Si estos se limitan a dar a conocer las denuncias de uno y las respuestas del otro, entonces en realidad su compromiso periodístico es muy superficial y prefieren ahorrarse las molestias (o los enemigos). Porque cuando el ciudadano tiene únicamente dos opciones en quienes confiar, y ambas son políticos, entonces sabemos que la cosa está mal. La prensa debería entonces llevar a cabo una investigación más profunda, más amplia, objetiva e independiente. No pueden hacerlo porque entonces dependiendo de sus resultados se les colocará de un lado u otro del espectro. ¿Por qué? Porque creemos que no hay prensa independiente en el país.

Pero la hay y esa es la que tiene que labrarse el camino más difícil del reconocimiento social. Que con sus publicaciones, con su información, con su investigación, los ciudadanos pudieran al menos sentirse más cerca de la verdad, de la realidad, de los datos. En ese momento, cuando podamos confiar en lo que se publica, entonces habremos avanzado muchísimo en un terreno realmente democrático, y los medios tendrán la responsabilidad que el país demanda.

Si no, pregúntenle a los norteamericanos si el periodismo no tira presidentes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
A %d blogueros les gusta esto: