Del bikini al burqini

La evolución del traje de baño desde una perspectiva occidental suele estar vinculada al empoderamiento femenino y a la libre expresión de género. Desde los pesados y modestos estilos victorianos hasta los casi inexistentes bikinis de hilo dental, la tendencia parece ser menos tela y más piel.

Mientras que en el lejano oriente se acostumbraba nadar con apenas un pedazo de tela que cubría lo suficiente, los vestidos de franela eran el último grito de la moda en Inglaterra y otros países de Europa occidental a partir de la segunda mitad del siglo XIX y hasta las primeras décadas del XX. Estos trajes de baño no se transparentaban cuando se humedecían, ni dejaban ver mucho de la figura de quien los usara.

Trajes de baño victorianos / Fuente: Fashion Era

Algunas legislaciones en el mundo (Estados Unidos, por ejemplo) tenían especificaciones sobre los requerimientos mínimos de vestimenta en los trajes de baño, y su policía tenía permiso de medir el bañador de cualquier mujer de quien se sospechara que no estaba lo suficientemente cubierta.

1922: Mujeres siendo arrestadas en Chicago por desafiar la prohibición de usar trajes de baño cortos en público (debían cubrirse estando fuera del agua) / Fuente: Retronaut

A principios de 1930 comenzaron a estar de moda bañadores más reveladores. Ya no tenían mangas, ni volantes innecesarios. Eran ligeros, convenientes para nadar en ellos. Con la crisis económica de los 30’s, las playas comenzaron a llenarse, pues nadar no requería de una gran inversión monetaria, y con esto la variedad de trajes de baño aumentó considerablemente. Los trajes de dos piezas comenzaron a estilarse, aunque la tendencia siguió apuntando principalmente a los de una pieza.

No fue hasta mediados de los 40’s que el bikini moderno hizo su aparición, y con ello comenzó una industria de la belleza que hoy se especializa en todo lo relacionado con tener un cuerpo “digno de usar bikini” (desde la depilación de toda área que el bikini no cubra, que no es mucho, hasta la introducción de una prueba en traje de baño para Miss Universum).

Primer bikini, 1946 / Fuente: Retronaut

Menos es más

Parece ser que entre menos ropa la mujer es considerada más libre. Físicamente es obvia la razón, pero más allá del movimiento, ¿por qué equiparamos la cobertura de su cuerpo con la censura?

Hoy en día parece que algunos roles en el mundo se han invertido. Algunas costumbres musulmanas parecen pedir la tolerancia que ante los ojos occidentales ellas mismas no proveen. La sociedad en la que estamos inmersos ve con malos ojos que una mujer tenga que cubrir su cuerpo en nombre de la “modestia”. Pero el punto no debería ser que se cubra o no, sino que sea su elección.

Actualmente la variedad de trajes de baño permiten que una mujer decida qué tan cubierta quiere estar. Los hay de cuerpo completo, desde los tobillos hasta el cuello, como los trajes de propeno para surfistas, buceadores y nadadores de aguas más frías. También los hay de mangas cortas, aerodinámicos; de una pieza, de dos, combinados; los que cubren apenas lo indispensable (¿indispensable para quién?). Existen las playas nudistas, los trajes que dejan pasar los rayos ultravioletas para broncearse de pies a cabeza, los transparentes, los “recatados”. Hay gorras para quienes prefieren cubrir su cabello, hay guantes y calcetines especiales para los surfistas de los glaciares, hay pareos para pasear fuera del agua sin vestirse demasiado. Y hay burquinis.

Estos últimos no son exactamente bikinis, pues no tienen las dos piezas que los caracterizan, sino una nueva variedad de trajes de baño para las mujeres que deciden seguir sus costumbres islámicas aún debajo del agua.

Fuente: Wikimedia commons

Si una mujer es libre de mostrar su cuerpo (como occidente parece estar muy orgulloso de haber propiciado), también debería ser libre de cubrirlo si quiere. No deberíamos estar en contra del hijab en sí, sino de que se ignore la decisión de la mujer de usarlo o no.

Y aunque el verano está a punto de acabar para algunos, para los que frecuentan las playas, espero que tengan oportunidad de ver todo tipo de trajes de baño y expresiones individuales. Y aunque no existen los burqinis para hombres, sí existen los mankinis, una muestra de que la tendencia de menos es más parece también aplicar al género masculino.

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Comments

  1. Es cierto, los burkinis son hermosos, lo malo es que en la ciudad no hay playa 😦 pero esperamos mi marido y yo ir de vacaciones este diciembre a cancun. La dieta y la compra de un buen bikini son lo mas dificil. Besitos paola 🙂

  2. Chispa says:

    Estaba viendo los burkinis y ¿sabes? ¡me gustaron! Hay unos muy padres que se ven bonitos y hasta cierto punto cómodos. Creo que serían de gran utilidad para las personas de piel muy blanca que se queman horriblemente con el Sol en la playa y no quieren usar del tipo de surfista o para personas albinas también. Aunque bueno, exponerse al Sol también es algo indispensable para la salud.

    Mmm…no creo que ellas tengan chance de elegir si quieren o no usar una burka o chador, tendría que preguntarles, tal vez no tienen consciente que pueden elegir contraponiéndose a la costumbre. ¿Sabes qué sería muy interesante? Compraro rentar una burka e ir a la escuela así y ver que pasa. Con los conocidos a lo mejor no es tan efectivo pero ver cómo te ven los demás y sobre todo qué se siente estar ahí adentro. ¡Sí! A lo mejor lo intento pero creo que es mejor intentarlo en un lugar fresco, no tan caluroso, porque si no creo que es factible que uno se desmaye.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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