El movimiento en 4

Sigo creyendo que el movimiento #YoSoy132 es algo valioso para el país. En serio. Mi único problema es que no sé si llamarlo un movimiento.

La cosa con el 132 o con cualquier actor en la escena pública nacional, es que en muy poco tiempo pasa a convertirse en una telenovela. En un país dominado en su horario estelar por este tipo de emisiones, es difícil que el formato no se cuele a nuestra vida diaria. Que no le pongamos a nuestros hijos hasta 3 nombres (o más), que ubiquemos al tenis como un deporte de la más “alta clase” y que sigamos creyendo que todas las empleadas domésticas se llaman “Juanita” y también tienen sus amores por ahí.

Lo de las telenovelas es algo grande. Hablamos de una tradición de exportación de las mismas al resto del continente, de una traducción al inglés, y del inglés a todos los demás. Hablamos de actores que vivían en la calle en otros países y aquí, con un par de personajes sin camisa, acaban viviendo en Interlomas, y convirtiéndose en celebridades hasta en Estados Unidos.

Pero hablamos también de un país en donde las actrices de telenovelas se convierten en primeras damas, donde los políticos ocupan la portada del Hola! y el Quién antes que la de Letras Libres o el Proceso. Donde la prensa internacional destaca al candidato ganador de la elección como el “Señor Telenovela”. Si el “primer mexicano” del país es un producto del melodrama, ¿por qué no habríamos de serlo el resto?

Ahí está recientemente el caso de la banda 2.5 GHZ de MVS (o del gobierno, o de los mexicanos, por donde lo quiera ver usted). Ahí, la cuestión se tornó dramática y telenovelera cuando se empezaron a exhibir mensajitos de Blackberry como pruebas de chantaje. Cual ex-novios. Ahí hay diferentes personajes, unos más protagónicos que otros, pero es sin duda una querella que trasciende lo técnico, lo político y llega incluso a colarse al tema personal. Así, algunos defienden al “hombre de familia” y “moral” de Felipe Calderón, mientras otros atacan la “imparcialidad” y la “obstinación” de la periodista. La intriga, elemento perenne de las telenovelas mexicanas, también juega un rol vital.

En un país así, ¿cómo no se iba a volver telenovelesco lo del #132? Recordemos aquella ocasión en que un miembro del movimiento fue exhibido por otro a través de conversaciones filtradas, de videos secretos en YouTube, de sospechas y afiliaciones que lo colocaban casi en la órbita de Kim Jong Il. De ahí, una serie de dimes y diretes, de deslindes, de declaraciones cruzadas, de objetivos diferentes, de rutas distintas a seguir. Cada dos semanas se habla de un “punto de inflexión”, de un “momento definitorio” del movimiento #YoSoy132. Pareciera que cada acción suya fuera su cruz o su encumbramiento. Cargar con una responsabilidad así, no es fácil.

Saúl Alvídrez. “El Traidor”

Y menos cuando el movimiento es en realidad una serie de reclamos, una multitud de facultades y de estudiantes (y  no estudiantes) políticos, una pléyade de indignaciones, de acusaciones, de reclamos. Recuerdo cuando en la primera Asamblea General Interuniversitaria, allá en las idílicas islas de la Ciudad Universitaria, los integrantes del movimiento llevaron a la práctica la democracia en su concepción rousseauniana, directa, y así tardaron más de 10 horas en deliberar, hablar y discutir. Ciertamente un experimento interesante, valioso, que le aportó muchísimo a quienes participaron en él, sin duda alguna. Porque una cosa es hablar de esas teorías en el aula y el otro es llevarlas a la calle, y en un país como el nuestro.

No hay que olvidar que el movimiento revivió una campaña presidencial francamente aburrida, de impasse. Tampoco hay que olvidar que su reclamo a través de las redes sociales, logró que Televisa reevaluara sus contenidos informativos, que le diera voz a quienes estaban en franca oposición con ellos. Sumamente valioso. Que también lograron conscientizar a una parte de la población de lo que ellos consideran aún la “imposición” de Peña Nieto, y lograron poner sobre la mesa los temas incómodos que el candidato (o quienes hacían proselitismo por él) había tratado de evitar.

Hoy el movimiento se divide en 4.Por eso me cuesta trabajo identificarlo (y me parece que a ellos mismos) bajo una misma bandera. Cada quien la usa para lo que conviene. Ojo, esta no es una división oficial, sino una apreciación personal:

1) Quienes férreamente se opondrán a cualquier decisión del TRIFE que no sea la invalidez de la elección presidencial. En este grupo están los que  recientemente se pronunciaron a favor de “tomar” el metro, dar cacerolazos nocturnos y demás.

2) Quienes están trabajando (desde hace meses ya) en la elaboración de una nueva Ley de Medios, para presentarla al nuevo Congreso y que acatarán la sentencia del TRIFE.

3) Quienes están creando vínculos más estrechos y amplios con la serie de organizaciones de sociedad civil que se han movido en la inconformidad durante más tiempo. Son los que ya están hermanados con el Movimiento por la Paz, o con los del Frente por la Defensa de los Pueblos.

4) Los “originales”, los 131 del día de la Ibero, quienes llevan jugando con la idea de una “Nueva Constitución” desde hace algunas semanas. Estuvo con ellos el académico Diego Valadés, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, platicando acerca de este proyecto que el también respalda y encabeza por igual. Hay algo interesante ahí también, a lo que poca atención se le ha prestado.

Entre estas ramas se encuentra colgado el movimiento, siempre jalado hacia abajo por la gravedad (literal y no) de la situación nacional y de los diversos poderes. Habrá que ver cómo va resistiendo.

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Comments

  1. Voy de acuerdo en que le movimiento ha perdido esa unidad con la que surgió al principio, antes se luchaba con un objetivo único, pero 132 ha causado tanta empatía con la población que cada lucha de cada pueblo, cada situación de injusticia llega a las Asambleas Interuniversitaias tratando de ser acobijada por el movimiento, de que el movimiento también alze su voz por ellos. Esta situación ha hecho que el objetivo principal pierda fuerza, pero cada miembro de 132 sabe que es importante seguir, que la unidad hace la fuerza y aunque haya miles de disensos creo todos saben que la lucha trasciende a 132, 132 es un canal más, pero el eje es la injusticia y el enojo de la gente, por esto no creo que ninguna escuela deje de pensar que seguir trabajando ya no tiene sentido, y cada asamblea local hace el trabajo que cree más efectivo, demostrándo que 132 no es solo un músculo capaz de hacer una conciencia política, sino también un cerebro que piensa en diferentes bloques que deben ser atendidos, ya sea desde la vía jurídica o con la solidaridad de otros movimientos.
    Felicito al autor, es un muy buen artículo de opinión.

    • La verdad es que en México hay tantas agraviantes, que pareciera que un solo movimiento no bastara para expresar ese raudal de indignación. Y mucho menos si se trata de uno surgido de manera espontánea y al calor de una campaña política. Menos aún todavía si los integrantes de ese movimiento son jóvenes que quizá apenas asomaban su cabeza política en este país. Son demasiadas responsabilidades las que todo mundo quiere ponerle o quitarle al movimiento. Hasta eso, y tomando en cuenta lo anterior, han salido bien librados.
      Qué bueno que te pareció un buen artículo, de eso nos preocupamos siempre en este espacio. Un saludo.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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