Dos hombres en pugna

Mañana se entregan los premios Emmy en los Estados Unidos, que galardonan a lo mejor que existe actualmente en el medio de comunicación favorito de todos: la televisión. Aún cuando le prestamos más atención a los Óscares y hacemos hasta nuestras quinielas, los Emmys son, para algunos, igual de emocionantes y ciertamente, no menos importantes. Son el equivalente a los Tony’s en el teatro, o los Grammy’s en la música: cada vez tienen menos rating, pero más valor. Ahora me explico.

Por lo pronto, quizá resulte difícil para nosotros los mexicanos entender esta ceremonia, y por ello, le prestamos poca atención. No es difícil de imaginar lo anterior si lo único remotamente similar que tenemos en el país se llaman “Premios TV Y NOVELAS”. Ahí los criterios de nominación y entrega de los premios son tan transparentes como las cuentas públicas de los Estados de la República. Esos “premios”, entrecomillado debido a mi negativa a otorgarles ese nombre, son en realidad una actividad auto-laudatoria de una particular empresa televisiva. Es decir, no compite ni siquiera con las novelas de otros canales. Todo se queda en familia.

A diferencia de los Emmys, donde inclusive dentro del mismo canal se pueden encontrar series que se baten a duelo por el máximo premio al que aspira un actor, director o productor de televisión en la Unión Americana. Los Emmys sin embargo no sólo premian a las mejores series (que en nuestro país tienen un arraigo cada vez mayor, aunque particularmente en temas comédicos), sino también reconocen a los mejores programas de variedad, los mejores noticieros, las mejores producciones especiales, las mejores actuaciones, guiones, fotografía…etcétera.

Es toda una ceremonia que realza la importancia de aportar contenidos de calidad a un medio que no se caracteriza, en la mayor parte del mundo, por producirlos. En Estados Unidos, sin embargo, es innegable la calidad de sus series (sobre todo dramáticas); tanto así, que algunos empiezan a considerarlas como una forma de arte distinta en sí misma. En un artículo del diario español El País, se lanzaba la siguiente pregunta al aire: ¿son las series los sustitutos de la novela? Léase novela, esos libros gordos, extraños y de muchas páginas y sin dibujitos, no telenovela.

La pregunta es relevante en varios sentidos. Sobre todo en un mundo en el que las series producidas son cada vez de mayor calidad y logran algunos de los cometidos de la novela literaria, como lo son el desarrollo tridimensional de los personajes y la narración a lo largo del tiempo de una historia interesante. Los estándares del medio (y el formato, con apenas 40-50 min. a la semana) han sido elevados cada vez más por trabajos notables como Los Soprano o The West Wing.

¿Don Draper, o Walter White?

Pero este año, son dos los pesos pesados en la contienda. Me refiero al excelente, sutil, elegante y dramático mundo de Mad Men, y al caótico, explosivo, profundo y enganchante universo de Breaking Bad. Es Don Draper contra Walter White. De la publicidad a la metanfetamina. De la infidelidad al narcotráfico.

Parecieran ser dos series muy distintas entre sí, y en realidad, no lo son tanto. Ambas cuentan con un excelente reparto que entrega, en cada episodio, actuaciones memorables y personajes con los que la audiencia puede identificarse, o al menos tratar de comprender. Ya sabemos que Pete Campbell estará amargado independientemente de la siguiente cuenta que logre conseguir. Sabemos que, cuando estés en problemas, más te vale llamar a Saul Goodman. El desarrollo temático de estas series, el cuidado que le ponen a la producción (los detalles de época de Mad Men y las investigaciones serias que se llevan a cabo en Breaking Bad para presentar un mundo de narcotráfico del cual ninguno de los actores es en realidad parte), la calidad de la trama y la seriedad con la que se toman su trabajo hace que uno disfrute sobremanera estos programas.

Éstas dos son las firmes candidatas al título de Mejor Serie Dramática. Si gana Mad Men, se convertiría en la primera serie de la historia en lograr 5 triunfos consecutivos, para cada una de sus temporadas, algo insólito y que la coloca, quizá, como la mejor serie de la historia de la televisión norteamericana. Pero también ha hecho sus méritos Breaking Bad, que en los últimos 3 años se ha quedado en la orilla para arrebatarle el triunfo a la serie hermana de AMC. Bryan Cranston (Walter White) ha vencido 3 años consecutivos a Jon Hamm (Don Draper) en la batalla por el mejor actor. Es un choque de titanes.

Gane o pierda su favorita, no deje de prestarle atención a la otra.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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