Los gritos de Pussy Riot

Performance de Pussy Riot; Foto: Wikicommons

El primer día de octubre Mark Feygin, abogado representante del colectivo Pussy Riot, apelará la sentencia de dos años para las integrantes del grupo que “alteraron el orden social” el pasado 21 de febrero de 2012. El caso de Pussy Riot ha dividido la opinión pública principalmente fuera de las fronteras rusas; por un lado se argumenta que Nadezhda Tolokonnikova, Maria Alyokhina y Yekaterina Samutsevich hicieron uso de su libertad de expresión, pero la opinión contraria asegura que fueron provocaciones que alteraron el orden social y por ello deben ser castigadas. Los países del mundo occidental condenan los actos del Gobierno ruso, mientras en Oriente se apoyan las decisiones del Primer Ministro Putin. Actualmente las tres integrantes de Pussy Riot se encuentran presas en prisiones cerca de Moscú. La disputa legal entre Pussy Riot y el Kremlin representa la desesperación de grupos marginados de la sociedad y la opresión a los derechos humanos por parte del gobierno.

El colectivo ruso de punk rock feminista fue formado en 2011 y realizan performances provocativos sobre temas políticos, principalmente la situación de las mujeres en Rusia. Pussy Riot está conformado por alrededor de 12 integrantes, identificadas con sobrenombres y que utilizan coloridas balaclavas (pasamontañas) en sus presentaciones. La banda ha presentado únicamente seis canciones y cinco videos. Su música es muy simple y en la mayoría de las ocasiones grabada precariamente, riffs rápidos y simples que acompañan a las líricas prácticamente gritadas. Entre los escenarios que han elegido para sus espontáneos performances se encuentran el Metro de Moscú, la Catedral de la Epifanía, edificios aledaños a la Plaza Roja, el techo de un camión del transporte público de Moscú y por último la Catedral de Cristo Salvador.

Pussy Riot; Foto: Wikicommons

A pesar de que existen varios grupos de protesta en contra gobierno de Vladimir Putin y la situación de los derechos humanos en Rusia, Pussy Riot es particular debido a su influencia occidental. La banda menciona como sus influencias a bandas de punk como Angelic Upstars, Cockney Rejects, Sham 69, The 4-Skins, Bikini Kills y Karen Finley, todas ellas británicas o norteamericanas. Además, al grupo se le identifica con movimientos como Riot grrrl (punk feminista) y Oi! (punk identificado con las clases obreras). Las canciones que han dado a conocer son: “Release the Cobblestones”, “Kropotkin Vodka”, “Death To Prison, Freedom To Protest”, “Putin Pissed Himself”, “Putin Lights Up The Fires” y “Punk Prayer: Mother of God Drive Putin Away”. Pussy Riot difícilmente puede ser considerado un grupo musical debido a que han presentado muy pocas canciones y la forma en las que las han presentado deja ver que la música es mero pretexto para realizar actos transgresores como protesta a determinada situación política.

“Lo que tenemos en común es imprudencia, letras con carga política, la importancia del discurso feminista y una imagen femenina no convencional” (Pussy Riot).

En su última presentación, en febrero de 2012, luego de la relección de Vladimir Putin, tres integrantes de Pussy Riot ingresaron a la Catedral de Cristo Salvador de Moscú realizaron la señal de la cruz y una reverencia ante el altar para comenzar una de sus presentaciones. Menos de un minuto después fueron detenidas por guardias de la seguridad nacional rusa. La presentación fue grabada para crear un videoclip de la “oración-punk”, “Virgen María, hazte feminista”. En la presentación piden a la Madre de Dios que se deshaga de Vladimir Putin y se vuelva feminista, y también arremeten contra Cirilo I, patriarca ruso que apoya a Putin. Ese mismo día el video fue subido a la red y unas 600,000 personas lo visitaron.

Cinco días después la Iglesia Ortodoxa Rusa inició una causa penal contra Pussy Riot por “gritar insultos a los creyentes y religiosos en la Catedral”, considerándolos como actos vandálicos. El caso quedó a cargo del Departamento Especial en Terrorismo y activistas ortodoxos publicaron los nombres de los miembros de la banda, con lo que iniciaron campañas masivas de comunicación en contra de “las mujeres-blasfemia”. El 3 de marzo fueron arrestadas dos de las integrantes de Pussy Riot, acusadas de vandalismo, a lo que respondieron con una huelga de hambre y derecho a guardar silencio. Luego de 48 horas quedaron en prisión preventiva hasta su juicio. Días después es detenida del mismo modo la tercera integrante del colectivo. Organizaciones no gubernamentales como Union of Solidarity with Political Prisoners y Amnistía Internacional las consideran presos políticos y de conciencia.

El 17 de agosto de 2012 fueron sentenciadas a dos años de prisión debido a que de acuerdo con el juez, “alteraron el orden social mostrando absoluta falta de respeto a los creyentes”. A partir de la sentencia se realizaron protestas en defensa de Pussy Riot, mismas que han sido reprimidas. De acuerdo con el abogado de Pussy Riot, las acusadas de ninguna manera pedirán disculpas a Vladimir Putin. Finalmente, la Iglesia Ortodoxa Rusa pidió al Kremlin que “tuviera clemencia con las condenadas, asumiendo que se abstendrán de repetir actos blasfemos”.

Protestas en apoyo a Pussy Riot; Imagen: Wikicommons

Dentro de Rusia la mayoría de la población considera que las acusaciones, el juicio y la condena fueron justas. El comportamiento del colectivo Pussy Riot y la respuesta del Gobierno ruso representan el estado de los derechos humanos en el país, mismos que son oprimidos por el gobierno. Los performances de la banda son claros gritos desesperados e imprudentes para denunciar la situación que viven, sin embargo llegan a límites que hacen imposible que puedan ser liberadas de la prisión. También es cierto que en Rusia existen pocas posibilidades de expresar pensamientos distintos a los del sistema, que se muestran en los hechos que ha desencadenado este caso (represión hacia los protestantes, detenciones arbitrarias, maltrato hacia aquellos que muestren posturas distintas, entre otros) y que orillan a la población a extremos como el de Pussy Riot. En esta situación en particular es cierto que se pelea por la libertad de expresión, pero también es cierto que es completamente reprobable que esas protestas lleguen a extremos que afecten a otros sectores de la sociedad.

Por Alberto Vega/ @Betovegaa

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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