‘El Principito’ en otomí

“Los pueblos indígenas hemos podido ocultar nuestra identidad porque hemos sabido resistir”

Rigoberta Menchú  (1959 –  ) líder indígena guatemalteca

El pasado 16 de octubre me llevé una grata sorpresa al leer en un periódico nacional una nota que versaba sobre la traducción de una importante obra literaria a la lengua indígena otomí. La obra en cuestión es nada más y nada menos que El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, una de las obras de la literatura universal más populares por su sencillez y profundo significado. No dudo que algunas personas puedan considerar esta obra como parte de la literatura infantil pero considero que las reflexiones que el libro provoca no tienen límite de edad, sin embargo, el libro es mera introducción a la siguiente reflexión que compartiré.

Fuente: Sipse.com

De acuerdo a la investigadora Verónica Kugel quien participó en el proyecto de traducir la obra de Saint-Exupéry, dicho acto muestra dos conclusiones por demás interesantes, tanto que el libro es uno de los más universales en la historia a la como que el otomí es capaz de expresar cualquier idea, incluso las “occidentales”. En este tema, cabe destacar que la misma investigadora comentó que la parte más difícil del proyecto fue la traducción del título pues no se podía perder la esencia del mismo a través de una traducción incorrecta. En un principio se pensó en utilizar la expresión “Con el hijo del Rey”, traducción que quedó descartada pues en la obra no se hace referencia a un rey, por lo que se decidió traducirlo como “El muchachito gran jefe”.

Además, el traductor de la obra, Raymundo Isidro Alavez comentó que debió encontrar nuevas palabras que permitieran identificar conceptos con vocablos inexistentes en la lengua otomí, como es el caso de “asteroide”, “planeta” y “biombo” y asociar conceptos dentro de la lengua que transmitieran los valores que la obra busca transmitir. Sin embargo, así como no existen conceptos en otomí que describan esas cosas que para nosotros parecieran cotidianas, ¿cuántas palabras otomíes no encontrarían concepto en español? ¿qué ideas no se esconden detrás de la lengua que explica la cosmovisión de un pueblo?

Actualmente, México es el país con más lenguas “amerindias” con un total de 65 según datos del 2012, sin embargo la población que aún mantiene la lengua viva es mucho menor, en número relativos, que a las proporciones de comunidades lingüísticas en otros países. Otro dato interesante es que a excepción del náhuatl, ninguna otra de las 64 restantes supera el millón de habitantes a la par que conforme pasan los años, el número de habitantes que habla dichas lenguas suele disminuir. A continuación te presento las 5 lenguas indígenas más habladas en México según datos del 2010:

  1. Náhuatl    1, 544, 968 habitantes
  2. Maya         786,113 habitantes
  3. Mixteco      471,710 habitantes
  4. Tzeltal        445, 856 habitantes
  5. Zapoteo      425, 123 habitantes

Lenguas habladas en México/ Fuente: Wikimedia Commons

Lenguas habladas en México con 20 mil a 100 mil habitantes / Fuente: Wikimedia Commons

Lenguas habladas en México con más de 100,000 habitantes. Fuente: Wikimedia Commons

Es importante, al analizar las cifras anteriormente presentadas, pensar en distintos procesos históricos en donde las lenguas indígenas han sido marginadas, prohibidas u olvidadas. Es claro que la reflexión nos remite a la época de la conquista y la colonia en donde una de las tareas primordiales de los misioneros católicos era enseñar a los indígenas la lengua española, la lengua de Dios. Esto debido a que las creencias generalizadas de la época se basaban en creer que las lenguas indígenas o paganas eran evocaciones al pecado y a dioses sedientos de sangre humana; una aberración hoy en día. En este punto podemos hablar de la muerte de lenguas a causa de la sustitución lingüística (imposición de la lengua española) y por supuesto desaparición de hablantes a causa de violencia y guerras.

Tras los movimientos independentistas y el inicio de la “consolidación” del estado mexicano, las preocupaciones giraban en torno a la creación de instituciones del México independiente, enfrentamientos entre liberales y conservadores y defensa de la soberanía nacional ante amenazas extranjeras. La creación de una identidad nacional incluyente y tolerante a los diversos usos, costumbres y lenguas quedo relegado a un papel casi inexistente. El indígena sólo importaba cuando se le requería como carne de cañon ante las bayonetas francesas, no importaba que no hablara español mientras supiera morir. El Porfiriato terminó por relegar las costumbres indígenas a las pequeñas esferas locales. El indígena no entendía el concepto de progreso o de un México pero era empleado por el hacendado para arar la tierra en pro de su propio bolsillo. Aunado a esto, viene la represión a los pueblos indígenas que “osaban” levantarse contra el “Sr. Presidente”, recordamos a los yaquis y los mayos.

La Revolución, la lucha armada, el levantamiento indígena en busca de justicia social y de las promesas que retumbaban entre los cerros y las montañas desde la independencia esperanzó a varios y terminó por decepcionar a muchos más. La oligarquía fue derrocada y en su lugar se institucionalizó una nueva a expensas de la muerte del pueblo y de los grandes caudillos. Sin embargo, en esta época se desarrolló una búsqueda de identidad nacional; encontrar eso que nos definía como mexicanos y que después de más 7 años de guerra podía unirnos como país. A pesar del esfuerzo de artistas e intelectuales por romper la brecha entre las grandes metropolis, urbanizadas y con los ojos puestos en copiar las vanguardas extranjeras, y el campo, los pueblos y los indígenas volvieron a la sombra pues a pesar de conformar la identidad nacional, no eran referentes necesarios para mostrar a un México moderno y “civilizado”.

Posteriormente y en un México “moderno”, con altas tasas de migración del campo a la ciudad, el indígena se volvió parte del  noticiario de la noche que realizaba un reportaje sobre las desventuras y los obstáculos de una familia huichol para poder comer al día siguiente. Quizás se pensó en llevar al indígena al Museo de Antropología pero fue descartado ante posibles denuncias por violaciones de derechos humanos. En 1992, el artículo segundo de la Constitución Mexicana es reformado con el propósito de “reconocer el carácter pluricultural de la nación mexicana y la obligación del Estado de proteger y fomentar las expresiones de esa diversidad”. Un pequeño paso para las lenguas indígenas, un gran logro que presumir para el Estado mexicano.

Hoy en día, ¿qué actitud se tiene al respecto de los pueblos indígenas? ¿Cuántos de nosotros estábamos conscientes del número de lenguas indígenas en nuestro país? ¿Cuántas instituciones ofrecen cursos para aprender lenguas indígenas? ¿Qué programas culturales a nivel gobierno, existen para recuperar el legado cultural de las lenguas indígenas? Me parece que las respuestas a estas preguntas serán poco alentadoras al notar nuestro propio desconocimiento de pueblos y costumbres de las cuales solemos enorgullecernos pero realmente no conocemos.

Nemo el Capitán 

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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