Dar o no dar: el premio de la discordia

Está caliente la polémica aún en el caso del premio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, otorgado este año al escritor peruano Alfredo Bryce Echenique. El caso ha suscitado las más diversas opiniones de casi toda la élite intelectual y cultural mexicana y de buena parte de la hispanoamericana. Ha permitido sacar a la luz las rencillas personales, las posturas privadas, las reyertas antiguas. Ha dividido a esta clase en dos polos antagónicos: todos los que defienden el premio otorgado a Bryce Echenique, y todos los que vilipendian esta decisión e incluso piden sea revisada. Mucho qué comentar al respecto.

Empecemos con los hechos: Bryce Echenique es un autor peruano que con un par de obras muy reconocidas (“Un mundo para Julius” y “La vida exagerada de Martín Romaña”) con las cuales se ganó un espacio canónico en las letras hispanoamericanas. Por el conjunto de su obra, la FIL de Guadalajara decidió otorgarle el premio anual que entrega a alguna pluma destacada de las letras romances. Sin embargo, Bryce Echenique se había visto envuelto en una serie de acusaciones (judiciales inclusive) de plagio de ciertos artículos periodísticos en diarios en los que colabora en su país.

Alfredo Bryce Echenique, ¿lo merece?

Que el plagio existe, es evidente y aceptado por todos, y ha quedado determinado así inclusive por las instancias legales correspondientes. Fueron 16 artículos periodísticos en total los que Bryce habría firmado y que no eran de su autoría.

El hecho es grave sin duda y destroza la calidad moral y periodística del peruano, pero ¿afecta su obra literaria (razón por la que se otorga el premio)?

Esa es la pregunta que ha servido de acicate para que las élites culturales de varios países se pronuncien a favor o en contra. Ambas posturas presentan candidaturas sólidas y argumentos fuertes, propios de su posición intelectual.

Por un lado, quienes sostienen, como el mexicano Jorge Volpi, que el premio a Bryce es legítimo y debe defenderse, aseguran que “el jurado había decidido reconocer la trayectoria narrativa de Bryce y optado por no tomar en cuenta las acusaciones de plagio de diversos artículos periodísticos debido a que éstas habían sido llevadas a los tribunales competentes y no incidían en el valor de su obra narrativa.” (El texto completo de Volpi puede leerse aquí)

Es decir, que el plagio por el que es acusado Echenique corresponde a otro ámbito de su vida que queda relegado a la hora de establecer el criterio para otorgar el premio y reconocer, en conjunto, su obra literaria.

Quienes adoptan esta postura serían, imagino, los mismos que aceptarían con la misma tranquilidad el pasado nazi del actual Papa católico, o no quitarían el mérito a las ideas de corte social de Elba Esther Gordillo (al repasar sus discursos) por la ropa que utilice la señora, o el medio en el que se transporte. A final de cuentas, esas son cuestiones que pertenecen a otro ámbito de la vida de la persona, y no deben ser juzgadas por ello. Volpi acusa a quienes señalan a Bryce de falsa pureza moral. Quien decide hacer una observación selectiva de la realidad, ¿no hace lo mismo?

Del otro lado del camino están quienes, como Juan Villoro (texto completo acá), rebaten la idea de que el premio a Bryce es legítimo, y piden que este galardón sea revisado y finalmente retirado al escritor peruano. En esta postura, el plagio constituye una flaqueza moral incompatible con la tarea del escritor, bien sea en el periodismo, o en la literatura: el reconocimiento de una parte de su obra daña a todos aquellos que se esfuerzan por crear, de manera propia, los textos que podrían llamarse originales, en cualquiera de los géneros que la pluma emplee. Esta postura sin embargo es una condena moral igualmente inquisitorial: son quienes pedirían que se le retirara el Óscar a ese magnífico actor en la película sobre derechos civiles, porque en casa ha golpeado a su esposa.

Ambas posturas guardan sus puntos a favor y sus flaquezas evidentes. No por nada es un dilema. Al final del día, quien logre construir una argumentación más sólida, quien logre hilvanar sus premisas más pulcramente, pero sobre todo, quien consiga el gramo exacto de empatía y apelación moral en la sociedad, será quien triunfe en esta batalla intelectual.

El debate está abierto.

P.D. Estoy casi seguro que en Azerbaiyán ni enterados están de la estatua.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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