Reformar hasta el agotamiento

Quedan dos semanas para que Enrique Peña Nieto sea investido presidente de México. Esta etapa de transición se ha ido entre viajes internacionales y pura retórica. Es hasta el primero de diciembre que podremos empezar a criticar la presidencia de alguien que ya ha sido de antemano condenada.

Pero en estos momentos no podemos dejar de comentar las reformas constitucionales y administrativas que propuso Peña apenas esta semana. Son dos, una que pretende desaparecer la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) y otra que sustituye a la Secretaría de la Función Pública (SFP) por lo que habría de llamarse Comisión Nacional Anticorrupción.

De nuevo, Peña Nieto las envuelve en la retórica de la eficacia: “[…] una reforma que permita la reorganización de la administración federal para atender con mayor eficacia las demandas ciudadanas.”

De esta decisión se desprenden tres elementos importantes a considerar.

Peña Nieto al presentar sus reformas constitucionales el 14 de noviembre

En primer lugar, es de resaltarse el creciente poder que, imaginamos, recaerá en las manos de Luis Videgaray, “el doctor” como le apodan, y quien se encargó de coordinar la campaña de Peña Nieto. Es su brazo derecho, y quienes algunos dicen está detrás de cada decisión y consulta del presidente electo. Un tecnócrata por antonomasia, Videgaray no se despega nunca de su jefe, y al mismo tiempo presenta la distancia requerida para ser quien hable en las entrevistas, quien aclare posturas, quien se reúna también con funcionarios federales o internacionales.

La reforma para ampliar las facultades y el poder de la Secretaría de Gobernación busca también que el titular de la dependencia sea el encargado de coordinar a todo el gabinete, de asumir las responsabilidades en materia de Seguridad Pública, prevención del delito, sistema penitenciario, vigilancia fronteriza, y derechos humanos. En instancia última, es el despacho desde donde se coordina toda la actividad política nacional. Una especie híbrida de vicepresidente-primer ministro que el administrador Peña Nieto ha ideado para lograr mayor eficacia. Así, él no se tiene que preocupar de esas cuestiones y lo deja todo en manos de Videgaray, si es que llega a la Segob. Si no, estaríamos hablando de una auténtica sorpresa que habríamos de considerar en su totalidad.

Dos: la creación de la Comisión Nacional Anticorrupción se presenta como lo que sería un órgano autónomo para sancionar e investigar actos de corrupción. Se le achaca a la SFP su falta de “dientes” para castigar las corruptelas. Pero con la nueva Comisión esto no parece cambiar mucho. Su única facultad es la de emitir sanciones. Además, no debe dejar de notarse que al titular de la Comisión Nacional Anticorrupción lo nombra…el presidente.

Finalmente, la desaparición de la SSP admite lecturas interesantes.

Podríamos decir que estos no son los mejores momentos para la dependencia federal de Genaro García Luna. El tema de la emboscada de agentes de la PF a los norteamericanos y el marino mexicano en Tres Marías ha sido otro punto de desavenencia entre la SSP y la Procuraduría General de la República, que en todo caso deberían trabajar en conjunto. Y digo otro punto porque no ha sido el único que ha provocado controversia durante el sexenio. Está ahí el caso Cassez o el asesinato entre Policías Federales en el aeropuerto del D.F.

No obstante, la Policía Federal ha sido uno de los grandes “logros” presumidos por el presidente Calderón en cada oportunidad. No sólo eso, sino que el mandatario incluyó a los mismos dentro de los elementos a desfilar cada año durante el 16 de septiembre, junto a la Marina, Fuerza Aérea y el Ejército. El mismo García Luna, acusado de actos inconstitucionales (la presea colombiana que aceptó sin avisarle a nadie), se ha mantenido firme en su cargo, en un gabinete que se ha caracterizado por su debilidad y falta de constancia.

Lo de Peña Nieto parece entonces ponerle el clavo al ataúd del orgullo calderonista. Es un mensaje claro, una cachetada de guante blanco y un claro indicio de que en esas sesiones maratónicas de “transición” entre Peña Nieto y Calderón en los Pinos, éste último no logró convencer al primero.

En uno de sus atemporales textos periodísticos para Excélsior, Jorge Ibargüengoitia hablaba ya de la manía sexenal de deshacer lo que el presidente anterior hubiera hecho. El chiste es dejar huella: “El público por su parte, sigue en el sube y baja: primero nos dicen que estamos en primer lugar y poco después, que estamos fuera de competencia por agotamiento.”

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Trackbacks

  1. […] cuando ya se le había dado un golpe (lo de cachetada suena demasiado sutil) con guante incluído a una de las insignias por excelencia del Calderonismo, la Secretaría de Seguridad […]

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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