Ejemplos sin consecuencias

Imagen extraída de un blog.

Hace unas semanas observaba a mis primos, de 11 y 7 años, jugar a las luchitas. Uno advertía al otro de la habitación, la llave que uno de ellos le aplicaría al estilo Rey Misterio, y ya en pleno éxtasis de la batalla ente mis empijamados parientes, comenzaron a brincar de cama en cama. Y cómo no, si hacía unos minutos que habían visto por la televisión una sesión de lucha libre.

Luego, pensé en otro tipo de batallas “deportivas” que a veces  interrumpen las transmisiones de fútbol. Esas que han detonado jugadores como Cuauhtémoc Blanco, que en el año 2004 tras golpear arteramente a un futbolista brasileño del Sao Caetano en Copa Libertadores, desató la furia no sólo en sus coequiperos y rivales, sino también a decenas de aficionados que descendieron al campo para ser parte de la golpiza que se armó.

Qué decir del tirito que empezó con el ingreso de Octavio Pérez, un aficionado que ingresó al campo y provocó la violenta  respuesta de Christian “Chaco” Giménez (puñetazo al rostro) y de José de Jesús Corona (cabezazo directo a la nariz del preparador físico de Monarcas), ambos jugadores del Cruz Azul en las semifinales del Clausura 2011 ante Monarcas en el Estadio Morelos. Y este año no se irá en blanco, pues la fuerte trifulca generada por “el Tilón” Chávez, futbolista de Dorados de Sinaloa que terminó con el tabique fracturado en el duelo contra Estudiantes Tecos en el 3 de Marzo, implicó literal, que uno de los futbolistas prefiriera saltar hacia el graderío para salvaguardarse de la auténtica persecución que cuatro compañeros de trabajo le hacían.

¿Y qué pasó después? Al “Cuau” le prohibieron jugar un año, “Chaco” y Corona tuvieron que ver por televisión 6 partidos del Cruz Azul , mismo caso para Chávez con sus Dorados. Poco castigo para lo que se generó en la cancha, y más si se pretende que esas sanciones sirvan de escarmiento y los choques no vuelvan a ocurrir.

Por ello, el Diputado del PRD, Eduardo Santillán, ha presentado ante la Asamblea Legislativa la Ley de Estadios, la cual no solo contemplaría sanciones para los aficionados que generen un ambiente hostil dentro y en los alrededores de un estadio de fútbol del Distrito Federal, como sí lo hace la Ley para Prevenir la Violencia en los Espectáculos Deportivos de la capital mexicana que entró en vigor en 2006, sino que también prevería castigo para el cuerpo técnico, árbitros y, por supuesto, a futbolistas.

Las sanciones que afectarían de manera directa a los jugadores, serían desde una multa económica hasta el arresto por no más de 48 horas, o ambas según sea el caso. Asimismo, la propuesta busca cerrar los espacios para la violencia en estos inmuebles, pues Santillán pretende la credencialización de los integrantes de las porras, cancelar la venta de cerveza desde el minuto 55 de cada partido e instalar cámaras y detectores de metal en los accesos.Las reacciones no tardaron, y el Director General de la Liga MX, Decio de María desestimó la pretensión del diputado, al decir que “en el fútbol no tenemos que mezclar la política. En el fútbol lo que hay son colores, pero colores de pasión, la parte política no entra en el fútbol”.

No hay que olvidar que todo exceso es malo, y si el tema es pasional, no es la excepción. La pasión que sintieron los jugadores mencionados rebasó los parámetros sentimentales por los que se caracteriza este deporte, y nadie ni nada garantiza que esto deje de pasar, mucho menos la suspensión durante X número de partidos, y no se diga con las poco significantes cantidades (comparadas con sus sueldos) que les imponen por infracción.

Desde luego, la iniciativa de ley no es a la Liga Mx como Lionel Messi al Barcelona o Cristiano Ronaldo al Real Madrid, pero tampoco es como una Liguilla al Cruz Azul o Miguel Layún al América. Considero que esta ley sería un apoyo a los lineamientos que tiene a bien nuestro fútbol, que hasta ahora, se ha visto no han sido suficientes para hacer que los futbolistas (rijosos) se comporten como profesionales, como un empleado en una aseguradora, como un bombero en la estación o cualquier otro trabajador en horas laborales. ¿O de qué fuero gozan los futbolistas?

Lo grave del caso, es el alcance que pueden tener los “insignificantes” codazos, las entradas “malaleche”, y desde luego las golpizas entre jugadores, en quienes en un sentido más amplio y como dice el periodista deportivo John Carlin, los aficionados encuentran identificación. Y  es que la ola de sentimientos que reposan en el rectángulo verde pueden rebasar el campo, las gradas, el estadio, las pantallas de la televisión, en algún momento la actitud violenta de un futbolista con la repetición constante puede legitimarse bajo la supuesta premisa de la “pasión”. Por fortuna (supongo) los jugadores todavía son ejemplos sin consecuencias.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
A %d blogueros les gusta esto: