Tabúes: poliamor

Nos han enseñado a pensar que las relaciones afectivas deben tener una determinada estructura para que sean exitosas. La exclusividad afectiva y sexual se toma como punto de partida para considerar a una relación como normal y moral. Los matrimonios se contraen entre dos personas que se comprometen a ofrecer y recibir afecto el uno del otro y, en cambio, no tener ninguna otra pareja mientras dure la unión, lo que se conoce como monogamia. Aprendemos a pensar en los sentimientos de pertenencia, apego, posesión e incluso celos por nuestra determinada pareja como naturales e incluso sanos.

Según el psicólogo y profesor Christopher Ryan, compartir era la naturaleza del ser humano en su época de nomadismo. Era cuestión se supervivencia y minimización de riesgos. La comida y los deberes eran repartidos entre todos los miembros de un grupo. La reproducción no se limitaba a un solo compañero de apareamiento, pues entre más parejas tuviera la hembra mayor era su posibilidad de tener hijos. Inmersos en una realidad nómada, las pertenencias personales prácticamente no existían.

La monogamia nació con el sedentarismo. Cuando surgieron los primeros asentamientos humanos, hace 10 mil años, saber dónde terminaban tus pertenencias y dónde empezaban las de tu vecino se tornó un asunto importante. Pero la propiedad privada estaba ligada a la vida del propietario. Se necesitaba una manera de asegurar la perduración del patrimonio, y la solución fue el establecimiento de un modelo familiar que permitía la distinción entre estirpes y la herencia de pertenencias por parentesco.

El nuevo modelo permitió saber quién era hijo de quién y qué cosas le pertenecían al morir su antecesor. También provocó un cambio en el rol de las mujeres de un grupo: dejaron de tener roles centrales y se convirtieron en otra mera posesión. La mujer no solo podía asegurarle paternidad, sino la acumulación de riquezas dentro de un grupo más reducido: una familia.

Todo esto, explicado por Christopher Ryan en su artículo para CNN Monogamy unnatural for our sexy species (Monogamia antinatural para nuestra sexy especie), derivaría en la conclusión de que la monogamia no es natural, sino una construcción social. Por más del 95% del tiempo que el Homo sapiens ha existido la tendencia fue la poligamia.

Ilustración de Jeffrey Alan Love

¿Tres son multitud?

De ninguna manera implico que la monogamia sea inaceptable por ser antinatural. Sin embargo, hay que entender la invalidez de los discursos que califican al poliamor de perversión y filia. El que no sea conveniente para ciertas instituciones, como la religiosa que impera en occidente, no debería derivarse en ataques o agresiones hacia las personas que practican el amor polígamo.

El poliamor se refiere a la práctica, deseo o aceptación de tener más de una relación íntima al mismo tiempo con el conocimiento y consentimiento de todos los involucrados. Una de sus formas específicas es la poligamia, que tiene más relación con la institución del matrimonio, es decir, tener más de un esposo (poliandria) o más de una esposa (poliginia).

Una de las críticas más popularizadas hacia el poliamor es precisamente el aspecto afectivo. Se dice que al tener más de una pareja, el amor que se le da a cada una no puede ser pleno. A través de un argumento llamado “economía de hambre”, se dice que el amor es un bien escaso, que solo se puede dar a una persona si se le quita a otra.

El poliamor rechaza la idea de que el amor tenga que dividirse de esa manera.

“Cuanto más se ama, más es posible amar, y con más intensidad. Tampoco hay límite a cuántos se puede amar. Si una persona tuviera el tiempo suficiente, podría amar a la mayoría de los que son decentes y justos”.

Robert A. Heinlein

Se utiliza una analogía para respaldar esto: un padre con dos hijos no ama menos a alguno de ellos por la existencia del otro.

Ilustración de Jeffrey Alan Love

Parejos los tres

Como somos fans de los términos cortos y alusivos, en América Latina se acuñó el término trieja para referirse a tres personas que comparten una relación íntima. No se trata de casuales tríos, parejas abiertas que buscan a un tercer y ocasional compañero sexual, sino de compañeros afectivos y en ocasiones sexuales que comparten valores e intereses (a veces incluso vivienda), es decir, tienen una relación plena y equilibrada, además de consensual, entre ellos.

En nuestra sociedad existen tabúes en torno a muchas de las figuras o elementos que suelen estar presentes en las relaciones de esta naturaleza. Sobre todo para las mujeres involucradas existe una crítica moral mucho más severa: una mujer acusada de promiscuidad tiene un peso social mucho más negativo que el que tal vez pudiera cargar un hombre bajo la misma imputa.

Pero, ¿qué es realmente lo que la sociedad ve mal en las relaciones poliamorosas? Mientras todos los involucrados sean adultos y la práctica sea consensual, ¿por qué tiene que ser asunto de los demás?

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Comments

  1. Efectivamente, en primera instancia es una asunto de un reconocimiento personal y de una decisión ética, por lo que tampoco tiene tanto interés develar si hay quienes lo ven mal o no, el punto es encontrar el espacio reflexivo en el que cada quien decida a partir de identificar que no hay un solo modo de amar, que los poliamorosos también fuimos inculcados con la idea de la monogamia tradicional.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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