Los psicópatas cuentan las mejores historias

Calificación: ♣♣♣½

En los minutos finales de Siete psicópatas y un perro, el espectador a mi lado derecho en el cine levantó los hombros y alzó las manos pidiendo al cielo algún tipo de explicación que se le escapaba. Incluso soltó en susurros “eso qué”. Pedía que alguien le explicara una película de la que se salió con apenas 15 minutos en el crono, para después volver a regañadientes. Durante toda la función, no hizo otra cosa más que manotear frente a la pantalla y antes de que en la sala se prendieran las luces, él ya estaba en el pasillo de salida. Creo que no le gustó.

Por suerte, mi caso es el opuesto. Eso es lo que suele suceder con las películas que se alejan, aunque sea inteligentemente (como en Siete psicópatas) del formulismo tradicional, del guión acartonado y de la solución marca Hollywood para todas las tramas: polarizan.

Imagino que el espectador molesto no sabía, bien a bien, a qué se metía. Esto responde quizá a una de las clásicas maneras que tienen los directores de este tipo de películas para atrapar asistentes, aunque sea en su fin de semana de estreno: se juntan con actores comerciales, rostros conocidos que han desfilado por películas inofensivas (Colin Farrell u Olga Kurylenko), y así invitan al público a una película divertida. Menudo as (¿o joto?) bajo la manga el que traen los siete psicópatas. Ocho, si contamos al director y guionista Martin McDonagh.

Un excelente Sam Rockwell en el papel de Billy Bickle, una de las muchas referencias cinematográficas en el el filme.

La historia es la siguiente: una pareja de secuestradores profesionales de perros han raptado al canino equivocado, el Shih Tzu de un líder criminal con el nombre de Charly Costello. En medio del conflicto está Martin, un guionista irlandés que escribe a su vez una película titulada “Siete Psicópatas”.

Una nota al margen: el título original de la película, en inglés, es Seven Psycopaths, así, sin “y un perro” que en español hace que se pierda el efecto de meta-ficción deseado, dado que el guión que escribe Martin, dentro de la misma película, lleva idéntico el nombre. Fallo garrafal de los traductores, que quizá pensaron que el agregar el perro al título la volvía más vendible por chusco.

La amistad de Martin con los secuestradores y las peripecias que rodean el enfrentamiento con la mafia en busca del perro podrían parecer el corazón de la historia, pero en realidad son el mero telón de fondo para una película que se trata sobre contar historias.

Gran parte de nuestras conversaciones se asientan sobre términos narrativos. Contamos a un amigo lo que  nos pasó el otro día, o platicamos con una pareja acerca del futuro y sus historias. Siempre estamos narrando, contando historias. Y es esa especie de ficción generalizada lo que otorga a la realidad un sentido difuso. ¿Qué es verdad y qué no lo es? Son preguntas propias de nuestros tiempos posmodernos e ideas con las que juega de manera inteligente Siete Psicópatas. 

El guión, que se construye con base en capas (como lo define un personaje del filme), es inteligente, hiperreferencial, autoconsciente, cautivante y además, divertido. Con humor negro como espina dorsal y secuencias que hubiera firmado sin recato Tarantino (la película misma tiene un aire ineludible a Perros de Reserva), McDonagh construye una película que es thriller al mismo tiempo que comedia, en un esfuerzo que jamás se sale de tono y al que no le sobra ninguna escena.

Los mejores momentos de Siete psicópatas son sin duda aquellos en que los personajes (un ensemble de actores que se desenvuelven de manera fascinante y donde sobresalen Christopher Walken, Woody Harrelson y Sam Rockwell) nos cuentan historias. Historias de vietnamitas que se inmolan o fantasean con prostitutas. Historias de una balacera final entre rubias de camisetas mojadas. Historias de venganzas y cicatrices ocultas. Historias que mantienen nuestra atención, principalmente por la manera en cómo la cuentan. Como el filme mismo.

Una película fresca, llena de imaginación, de humor y de momentos que para unos son gloriosos y para otros motivo de salirse antes del cine.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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