La vida es Amour

Calificación: ♣♣♣♣

Con un título tan sencillo con apenas dos protagonistas y toda la acción desarrollándose en sólo algunos metros cuadrados, Amour es una de las películas más poderosas que he visto, haciendo ver como un juego de niños otros intentos por capturar las emociones y narrar el drama que significa vivir y amar en este mundo.

La película inicia con un vistazo hacia el futuro: los bomberos llegan a abrir de golpe la puerta de un departamento parisino, cuya habitación principal ha sido sellada con cinta canela. Lo que hay detrás de la puerta no lo contaré, pero puedo asegurar que es una imagen que se queda con el espectador aún después de mucho tiempo de ver la película.

Después de ese magnífico prólogo, Michael Haneke (ganador por partida doble de la Palma de Oro en Cannes, una de ellas por Amour) nos mete de lleno en la vida de Georges y Anne, una pareja de ancianos que vive plácidamente en un piso en la Ile de France. Un matrimonio normal, donde él se da tiempo de decirle, aún a su edad, lo hermosa que se ve su esposa después de un concierto. Esa misma noche, Georges repara en la figura de Anne, sentada en la cama, con los ojos abiertos y sin pronunciar palabra. A la mañana siguiente, Anne tiene un episodio de fuga, donde no responde a los llamados de Georges ni a sus intentos por traerla de nuevo a la conciencia.

El trabajo de la pareja de protagonistas es francamente inolvidable

El trabajo de la pareja de protagonistas es francamente inolvidable

Lo que sigue es una operación de la carótida que sale mal y parálisis del lado derecho del cuerpo para Anne, con lo que las cosas se complican para el matrimonio de profesores de música jubilados. Lo que sigue son días de amor y sacrificio en la vida de los ancianos, y minutos de profundo involucramiento por parte del espectador.

Con actuaciones fenomenales, Jean Louis Trintignant y Emmanuelle Riva le otorgan un poder indeleble a cada una de las escenas de una película que no nos permite desviar la mirada, ni siquiera en los momentos más fuertes. Amour es un ejercicio de observación implacable: aún cuando nos da pena ser espectadores de la intimidad más profunda de los protagonistas, la cámara no se aleja. No hay cortes abruptos, ni secuencias en múltiples planos. La cámara es un instrumento que Haneke maneja con maestría para llevarnos de una habitación a otra del piso, de una mirada a otra, de una emoción a otra.

Amour es una película excepcional, que duele e involucra de una manera inescapable al espectador. Es casi seguro que esta cinta obtenga el Óscar a Mejor Película Extranjera, y lo tendrá bien merecido. Alejándose de la tonalidad jovial de Elsa y Fred (que aunque pareciera similar por el argumento manejado, unos minutos de Amour llevan a uno a otra parte completamente), Amour es una película de silencios, de emociones puras.

Por momentos alegre, rememorativa y dolorosa, Amour es una dosis de vida. Es la vida misma.

Amour fue parte de la 54 muestra de la Cineteca Nacional. Una última oportunidad para verla es el domingo 9 de diciembre, en el Cine Lido, a las 11, 14, 17 y 20 horas. 

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  1. […] y probablemente fotografía. Añádale a esa lista el Óscar de mejor película extranjera a Amour, mejor actriz secundaria para Anne Hathaway (Los Miserables) y pare de contar. Hasta ahí llegan […]

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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