Moonrise Kingdom: Otra película de Wes Anderson

Ahh, el primer amor. ¿Quién no ha sentido nostalgia por el amor epistolar que nunca tuvo? ¿Nadie? Pues Moonrise Kingdom (2012) te hará sentirlo. La última entrega de Wes Anderson es una fuerte candidata para los Óscares, y con mucha razón, pues es evidente el trabajo artesanal que tuvo que llevarse a cabo para producir esta película. Todo lo que aparece a cuadro –desde la pintura en el fondo hasta los calcetines de los personajes– está perfectamente cuidado y vaya que Wes Anderson y su equipo saben construir encuadres increíblemente estéticos. 2012-06-30-moonrise_kingdom_group_portrait-533x319

El mundo de las historias de Anderson parece ser increíblemente artificial, no sólo en esta última, sino también en sus seis anteriores entregas. Sus historias, personajes, motivos y escenarios son parte de un montaje explícitamente irreal y no necesariamente lógico, que aprovecha al máximo los recursos narrativos que el cine ofrece. Sin embargo, los temas que aborda en sus películas distan de ser así, pues son innegablemente profundos y genuinos.

Moonrise Kingdom cuenta la historia de Sam y Suzy, dos chicos de 12 años que, hastiados de su vida y tras mantener un romance epistolar por unos meses, deciden encontrarse para escapar juntos. Sam es un scout huérfano, cuya familia adoptiva no lo quiere. Sus compañeros scouts lo detestan y él los detesta a ellos. Suzy es una ávida lectora que gusta de escuchar viniles de Françoise Hardy en el tocadiscos vintage de su pequeño hermano. Alrededor de esta pareja hay una serie de actores de la talla de Edward Norton, Bruce Willis y Bill Murray acompañando la trama.

Anderson es conocido por abordar constantemente temas parecidos en todas sus películas: amor adolescente, padres dispersos y personajes hastiados de su vida pero que siempre tienen algo ingenioso que decir, que parecen meticulosamente hechos a mano y pues sí, lo están. En esta entrega, el director pule el tratamiento de estos temas, entregando una historia que puede caer en el género coming of age, en donde logra captar perfectamente la inocencia de un primer amor adolescente. Suzy y Sam pueden tener doce años, pero sus conversaciones bien podrían ser de cualquier pareja de adultos.

Fuera de la historia terriblemente nostálgica, el diseño de arte es digno de una ovación de pie, mundial. El diseño de producción es un elemento esencial en todas las películas de Anderson; los colores, el vestuario y hasta la más mínima pieza de utilería nos dicen algo sobre la escena o sobre el personaje. Pero Anderson no se conforma con usar el diseño de arte como un elemento narrativo, aprovecha y lo hace increíblemente estético. La película tiene una paleta de colores definida, un vestuario intricado e ingenioso (la enfermería y el traje de enfermos es increíble) y una serie de props que todos (bueno, al menos yo) quisiéramos tener –o presumir que tenemos—en nuestras casas (el tocadiscos de Suzy, las pinturas de Sam, los libros, las maletas, hasta el faro, ¡todo!).

El soundtrack y la fotografía son como en todas sus películas, un elemento sabiamente aprovechado, con viñetas acompañadas por canciones que no podrían ser otras y movimientos de cámara exagerados que añaden a lo fantástico que es el mundo de Anderson. He repetido lo suficiente que Moonrise Kingdom usa los elementos narrativos de una manera sumamente ingeniosa al igual que las demás películas del director, pero no es sólo por decirlo. Lo remarco porque en esta última entrega se nota la forma en que el director ha podido pulir su estilo convirtiéndose en un verdadero cine de autor, en donde sus trademarks se vuelven explícitamente distinguibles y es visible la maestría con la que las puede manejar.

Sam y Suzy son soñadores e inocentes, se aman y quieren ser libres. Esta película es justo una oda a la inocencia que reina en la infancia. Aquel sentimiento despreocupado de que todo es posible que, trágicamente, la mayoría va perdiendo al madurar. Anderson muestra al amor desde la mirada de unos niños: Sam ama a Suzy pero le advierte que puede que en la noche moje la cama. Muestra al amor como la fuerza que hace que dos personas se sientan invencibles, que huyan sin que les importe lo demás, que se quieran con todo y sus defectos. ¿Y decimos que los niños, inocentes, no saben nada del amor? Pareciera que ellos lo tienen bastante descifrado.

Esta película formó parte de la 54 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, en donde todas las funciones tuvieron lleno total. Se estrenó el pasado fin de semana en cines comerciales además de regresar a la programación de la Cineteca.

Por: Daniela S./@Itsdaniee

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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