Einstein y la política

Dice Juan Villoro que una de las cosas que hacen al fútbol tan terriblemente doloroso y apasionante a la vez, es que se parece demasiado a la vida real. Mientras que en el fútbol americano, el béisbol o el tenis las reglas son excluyentes, ramificadas y complejas, en el fútbol son pocas y elementales. Mientras un partido de los Yankees contra los Medias Rojas puede alargarse semanas y un partido Tsonga vs. Djokovic podría durar días enteros, en el fútbol los noventa minutos reglamentarios corren a la par de los 90 minutos fuera de la cancha. El tiempo es apremiante e imparable. Por más que quisiéramos detenernos en la belleza de una jugada o la atajada de un arquero, los minutos siguen su marcha de manera intratable. No hay prórrogas.

De manera tal que podríamos concluir que lo no se parece nada a la vida, es la política. O mejor dicho, los tiempos de la política.

Como si fuera un deporte aún más complejo que una combinación de rugby y ajedrez, la política tiene una serie de reglas que para los que se encuentran fuera de ella resultan increíblemente complejas de deducir, entender o explicarse. La razón de ser de muchos de los actos que el resto de nosotros contempla a través de los periódicos, o las noticias y que involucran el desenvolvimiento de estos seres nos dejan perplejos y boquiabiertos, aunque pocas veces en el mejor sentido del término, el de los deportes de verdad, por ejemplo.

Y es que la cosa queda aún más clara cuando al oficio le sigue el término “profesional”. Sabemos que en los deportes, la diferencia entre el amateur y el profesional es que éste último recibe una remuneración por dar patadas o lanzarse de la tercera cuerda. En el ring de la política, también hay “políticos profesionales”: aquellos que llevan años navegando las turbulentas aguas de la burocracia, los cargos públicos y el cabildeo institucional. Políticos profesionales son aquellos que, en efecto, saben sacar algún provecho monetario del desinteresado servicio que le prestan a la patria.

Dentro de esta estirpe de políticos profesionales encontramos a algunos que bien podrían entablar una discusión interesantísima con Einstein. Y al que no me lo crea, que contemple la facilidad con la que los políticos doblan a su voluntad el tiempo; lo acotan, lo minimizan, lo trivializan o magnifican.

Dalí, el político

Dalí, el político

Si para Einstein la relatividad es la norma, los políticos (no sólo los mexicanos, sino de todo el mundo) son unos genios cuánticos. Ellos entienden mejor que nadie que el tiempo no son los meses en el calendario, o las horas del reloj, sino el momento preciso en el que ellos ejecutan el acto o lanzan la declaración. Antes de eso, no había tiempo. Después, hubiera sido insospechado hacerlo. El tiempo son ellos.

Digo que no son sólo los políticos mexicanos los que sufren de este síndrome de deidad relativa, pero sin duda en esta parte del planeta tenemos ejemplos fascinantes.

La Estela de Luz, un proyecto sexenal proyectado para las celebraciones del bicentenario terminó siendo inaugurada hasta principios del 2012. Los políticos profesionales salían en televisión un día sí y otro también para explicarnos que no había manera posible de que fuera en otro tiempo la entrega. Era lo lógico. Ilusos los que no lo entendieran. La Estela de Luz (de la corrupción, o de los tlacoyos, como quiera llamarle), llegó a tiempo.

La licitación de una tercera cadena de televisión es otro de los proyectos que lleva años de ser discutido. Hace meses, Emilio Azcárraga Jean declaró en la revista Forbes que él estaba “listo” para una tercera cadena. De aquí resaltan dos cosas. La primera, que sea el ejecutivo de la televisora quien se declare listo y parezca dar el visto bueno, y no el Estado. Y por el otro, la relatividad de una palabra tan singular en el léxico nacional como “ahorita”: el “listo” de Azcárraga Jean puede tardar meses o años en que se convierta en presente.

Finalmente, en esta semana se publicó el cronograma, la ruta de acción concreta del famoso “Pacto por México”, y las cosas ya empiezan a despintarse del rosa inicial. Por ejemplo, en el documento se establece que la competencia en radio, televisión, y datos será completada hasta el segundo semestre de 2018. Para “mover a México”, se necesitan 6 años. Otras de las iniciativas del pacto que estarán listas para esas fechas incluyen la coordinación de policías estatales y la reforma del sistema penitenciario.

Pero usted no se preocupe, que estas reformas llegarán a tiempo. A tiempo para que el presidente pueda presumir de ellas en el “segundo semestre de 2018”. Sí, por ahí donde empiezan las campañas electorales.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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