Con los ojos encadenados a la pantalla

Calificación: ♠♠♠½

¿Para qué vamos al cine? Al parecer una de las maneras de responder a esta pregunta es voltear a ver las carteleras. Por alguna extraña coincidencia del efecto mariposa (o de las decisiones caprichosas de las distribuidoras), coinciden en las marquesinas dos títulos de dos cineastas sumamente respetados y cuya trama está separada por sólo un par de años. Que esto no engañe a nadie: quizá no se haya visto el estreno simultáneo de dos películas tan disímiles como “Django sin cadenas” (Tarantino, 2012) y “Lincoln” (Spielberg, 2010), desde que “Avatar” y “Antonio, enviado de Dios” compitieron por el amor del público en 2009.

En este caso la diferencia entre un filme de Spielberg y uno de Tarantino empieza desde antes de sentarse en la butaca. Tomemos por ejemplo sus últimas dos producciones. Ambientadas ambas en la guerra (uno en la segunda y otro en la primera, pero guerra al fin) una se llamaba “Bastardos sin Gloria” donde se le arrancaba el cuero cabelludo a algunos, mientras que la otra se llamaba “Caballo de Guerra”, donde un joven se reúne con su caballo.

Así de fácil es definir el estilo por el que ambos directores son conocidos. Así que quienes entren a “Django sin cadenas” esperando encontrar algo sobre la decimotercera enmieda…está en la sala equivocada.

“Django…” es un capricho personal de Quentin Tarantino. El director conocido por insertar pequeños pedazos de homenaje a la gran tradición fílmica que lo acompaña, ahora dirige una película de casi 3 horas que no es más que una revisión del cine western, el género por excelencia de la filmografía norteamericana.

La última de Tarantino tiene 5 nominaciones al Óscar.

La última de Tarantino tiene 5 nominaciones al Óscar.

En este caso, Tarantino coloca al espectador dos años antes de la Guerra Civil de ese país, y nos presenta al Dr. King Schultz (un fantástico Christoph Waltz) que mediante una combinación de un discurso brillante y balas expansivas (lo cual aplica para el filme mismo en sí) libera a Django, un esclavo negro que lo ayudará en una misión cazarrecompensas.

En media hora, la misión para la que Django fue liberado ha sido cumplida; pero el viaje apenas inicia.

Con un espléndido guión que jamás deja de mover la historia hacia delante y que dota de vida a cada uno de los personajes, así como de escenas que nunca sobran sino que añaden, “Django sin cadenas” es una historia fascinante de la que no podemos quitar los ojos.

Con actuaciones memorables de Leonardo DiCaprio, Samuel L. Jackson y sobre todo, Christoph Waltz (recientemente reconocido por su trabajo aquí con el Globo de Oro), la historia de Django involucra a los espectadores de la misma manera en que el resto de los elementos de la película: la impecable fotografía y una edición bien lograda.

Hay de todo en “Django sin cadenas”: desde tensión insoportable para los de nervios débiles y mujeres embarazadas, hasta violencia marca Tarantino y humor genuino, lo que convierte a este filme en una experiencia completa, satisfactoria y sumamente entretenida.

Al menos en “Django sin cadenas” para eso nos llevó Quentin Tarantino al cine.

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  1. […] Silver Linings Playbook? ¿Cómo dejar fuera la imaginación de Tarantino y su monstruoso guión en Django sin Cadenas para premiar el increíble trabajo de investigación y coherencia periodística y cinematográfica […]

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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