Existir es prescindible

En 2010, una pequeña película llamada “Catfish” puso a más de uno a sudar frío en las noches. Eran los tiempos en que Facebook rebasaba la marca de los 500 millones de usuarios. Los tiempos de “The Social Network” y el espléndido guión de Aaron Sorkin, la fría pero inquietante dirección de David Fincher. Como resultado de ambas películas, miles dejaron de ver a Facebook con los mismos ojos.

Lo que antes era un paraíso del chisme, las publicaciones abiertas y las fotos para todos poco a poco se fue convirtiendo en un espacio donde la gente abreviaba sus nombres y apellidos y volteaba más hacia la discreta opción de “privacidad” en los ajustes de la red social. Facebook no era ningún anuario generoso e inocente. También había catfish. 

En ese supuesto documental (digo supuesto porque hay quienes han cuestionado la veracidad del mismo, aunque sus directores siempre han defendido su autenticidad), se detalla la relación en línea que inician Nev, un fotógrafo neoyorquino y Megan, una joven pintora de Michigan. La relación progresa de manera normal (si es que existe tal cosa en una relación cibernética, ¡0h paradoja!) hasta que Nev empieza a notar cosas raras en Megan, en sus respuestas, en su comportamiento. Así que decide romper la barrera de LCD y presentarse en la puerta de su amada.

Hasta ahí lo que cuento de la película y hasta ahí también que la reciente historia de Manti Te’o replica casi línea por línea el guión de “Catfish”.

Manti Te’o es un recién graduado de la universidad de Notre Dame. Un jugador de fútbol americano colegial que guió a su equipo hasta la final de la NCAA con actuaciones que le valieron elogios por doquier en el mundo deportivo del país vecino. Es, quizá, el deportista universitario más famoso de los Estados Unidos. Y todo eso antes que se destapara la historia de su amada Lennay Kekua.

Ahora Te'o espera el draft de la NFL la semana entrante. Cortesía: USA Today

Ahora Te’o espera el draft de la NFL la semana entrante. Cortesía: USA Today

La historia de amor de Te’o y Kekua termina con la trágica muerte por leucemia de esta última en 2012. No sólo eso, sino que el mismo año muere la abuela de Te’o. Ambas le hacen prometer al joven jugador que seguirá jugando en honor a ellas. Lo hace, lleva a su equipo a la final del campeonato y lo nominan para el premio de jugador colegial del año. Una perfecta historia, de esas que los medios no pueden resistir. Debieron.

Empecemos por el principio: Te’o supuestamente conoce a Kekua después de un partido entre Notre Dame y Stanford en 2009. Nadie puede dar más datos o información acerca del encuentro. No es sino hasta 2 años después, en 2011, que Te’o establece el primer contacto (cibernético) con Kekua. Es un twit, donde le dice lo lindo que fue conocerla.

Kekua y el jugador colegial comienzan una relación cibernética y a través del celular. Entre mensajes de texto, twits, fotos en Instagram y llamadas telefónicas, ambos establecen una suerte de noviazgo. El padre de Te’o inclusive declara que las cosas se “ponen serias”.

Sin embargo, Te’o jamás conoce en persona a Kekua. Ella le queda mal en un par de viajes a Hawaii que ya estaban planeados y él está en concentraciones y juegos lejos de California, donde vive Lennay.

A principios del año pasado, Kekua supuestamente sufre un accidente automovilístico. Publicaciones serias como Sports Illustrated e ESPN reportan la noticia, sin citar las fuentes o hacer una mayor verificación. Mientras se recuperaba del accidente, a Kekua se le diagnostica leucemia. El padre de Te’o inclusive asegura que la joven requerirá un trasplante de médula ósea. Al poco tiempo, mueren tanto la abuela de Te’o como Kekua. El resto de la temporada será de antología para el joven jugador. Como en una película.

Y ya cuando las cosas suenan como a una película, quizá es por algo. Y es que apenas el miércoles, la revista Deadspin, que había estado cubriendo la relación de ambos y la carrera de Te’0 con puntualidad, publica una investigación realizada que concluye que Lennay Kekua jamás existió. Punto. Sus fotos en Instagram y Twitter fueron robadas de una joven de California no identificada. No se encontró un acta de nacimiento o de defunción, y la supuesta “familia” jamás ha hablado con los medios.

Ahora Te’o es el centro de las miradas, pues algunos insinúan que él pudo haber participado también de esta estafa y existen muchas preguntas sin respuesta para el caso. Lo cierto es que tanto él, sus fanáticos y las publicaciones que reportaron todo sin detenerse a preguntar quedan terriblemente mancillados.

La realidad se parece a la película. ¿O era al revés? Al final de cuentas una cosa queda claro: existir es prescindible.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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