El aparador peñista

Nadie parece haberle avisado a Enrique Peña Nieto que, con todo y gallinas y puercos presentados en el Trife de por medio, en efecto ganó la elección presidencial. Pareciera que el ex-gobernador del estado de México siguiera en campaña. A todos lados a donde va el apretón de manos es el mismo, el abrazo imaginario al público afectuoso es idéntico, las palabras de los discursos copiadas a mano de las del mitin. Han sido unos meses de presidencia de aparador.

Porque de repente todo aparenta haberse mejorado. Se conjuntan el triunfo del PRI con los artículos de The Economist y publicaciones similares que hablan de la oportunidad de México, el Tigre Azteca y como usted quiera llamarle. Se junta también la aparente buena voluntad de los políticos, inexistente en el pasado panista. El Pacto por México le da solidez a la retórica de la unión, y le da también un documento de cien páginas a los periodistas y opinólogos para que primero se pierdan en elogios y después averigüen qué trae el texto.

Se firma así la Reforma Educativa, que cuando parece que ya pasó se encuentra con grupos de maestros que toman las calles y abandonan los salones. Aún están trabajando en cómo regresar a esos profesores a las aulas. Como también apenas están trabajando en encontrar la manera en que la Ley de Víctimas, recién promulgada también, encuentre un marco jurídico apropiado y supere las evidentes fallas en su redacción y origen. Para lo de la Cruzada contra el Hambre es lo mismo. Me comprometo y cumplo (con aquellos estados precisamente, en campaña).

Cortesía: Milenio Monterrey

Cortesía: Milenio Monterrey

El detalle está en cómo cumplir. Una de las instituciones en las que los mexicanos depositamos la mayor de las confianzas no es terrenal ni democrática: los Reyes Magos son siempre la ilusión de miles que esperan confiados que este año sí les cumplan. Los Reyes caminan distancias impronunciables para conseguir cumplir los compromisos signados en esa tarde en el centro comercial. De tal manera en que cuando uno pide una bicicleta, los monarcas de oriente podrían decir que el compromiso está cumplido si traen una de esas bicicletas miniatura que se manejan con los dedos. Sí, es una bicicleta, pero no funciona para lo que la queríamos. Así está la bicicleta que monta Peña Nieto.

Delegando casi todo el trabajo, o al menos, el aparente, en el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, Peña se ha dedicado a recorrer la república, encontrarse con tal o cual grupo, tomarse la foto con estos u otros gobernadores e inclusive viajar a otros países para ofrecer discursos inocuos y una presencia gris. Si todo esto suena demasiado familiar, lo es. Así se vivió la campaña de Enrique Peña Nieto, el candidato.

Hasta el momento, las decisiones más importantes que ha tomado el gobierno de Peña Nieto (las enlistadas arriba) no han hecho más que cambiar las apariencias. La misma campaña mediática de la Presidencia lo refleja sin empacho. El meollo de esos mensajes se traduce en creer que México “sí puede” (o “podemos” según la retórica oficial; nadie quiere quedarse fuera en este banquete de los anfitriones a la mesa por excelencia) más que en explicar lo que habrá que hacer para que pueda o lo que ya se está haciendo.

Nada de voltear a ver lo que está sucediendo en estos momentos en la Comarca Lagunera (no, no es el partido de Santos contra el América), donde están pasando cosas realmente preocupantes. Granadas frente a palacios municipales, secuestro de empleados de un periódico, “falsos militares” y 45 personas ejecutadas sólo en el estado de Durango (según el diario Reforma) en lo que va del año son de las cosas que no se debe hablar ni abordar. Eso era del gobierno pasado. Nosotros somos diferentes, nosotros sí podemos. Mientras que se presenta un plan de prevención de la violencia, se omite especificar las estrategias más específicas y menos busca-elogios del plan.

La consigna parece ser el dar la información necesaria como para acaparar los titulares y la atención de los que ahí se quedan, pero no ir más allá.

Quedarse viendo el aparador, para evitar entrar en la tienda que no está tan bonita por adentro.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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