Estatuilla en el aire, Jesús en la boca

Imagine esto: usted organiza una fiesta con sus colegas del trabajo y se reúnen una vez al año para festejarse mutua y propiamente, para alabarse de manera individual y colectiva, para mostrarle al mundo y entre ustedes lo buenos que son y el excelente trabajo que realizan. ¿Le suena todo esto demasiado meta-referencial? No se asuste, se llaman los Óscares.

En un intento por hacer del espectáculo (eso es, a final de cuentas el éxito de la ceremonia lo mide el rating) algo más cercano a la gente y menos esnob, quienes manejan la ceremonia que este año cumple 85 primaveras decidieron dejar a un lado el pomposo título de “Premios de la Academia” y optaron por recurrir al nombre vernáculo que todos identificamos con los premios.

Sin embargo, no es por eso que se distinguen los Óscares de este año.

Si bien otras ediciones de estos premios se caracterizan por la excesiva facilidad con la que se pronostica a los ganadores (que suelen arrasar en la otra serie de premios que va calentando el ambiente festivo en Hollywood), en esta ocasión la moneda está en el aire en más de una categoría. Y a diferencia del fútbol mexicano donde sucede lo mismo para predecir al campeón, aquí no se trata de que todos los nominados sean igual de malos. Todos son muy buenos.

Fue, y diversos críticos estadunidenses así lo señalan, un año muy bueno para el cine norteamericano, con cintas excepcionales que compiten de manera leal y fuerte por los premios a los que están nominados. Es decir, hay categorías donde cualquiera que resulte ganador será increíblemente meritorio. Claro que juegan las preferencias personales en cada caso, pero poco se puede argumentar en contra, gane quien gane; que, al final, somos nosotros los espectadores.

Pero para aquellos que gustan más de la certeza que de la incertidumbre, también hay estatuillas que parecen seguras. Ahí se incluye a Daniel Day-Lewis como mejor actor por su interpretación de Abraham Lincoln en la cinta de Spielberg. Si el actor británico se levanta de su asiento a recoger el Óscar será el único actor en la historia en haber dirigido un discurso de agradecimiento como mejor actor tres veces. Otro de los premios que están casi seguros son mejor canción para “Skyfall” de Adele (todos han tarareado algo de esta mujer alguna vez en su vida), mejor música para Life of Pi, así como efectos visuales y probablemente fotografía. Añádale a esa lista el Óscar de mejor película extranjera a Amour, mejor actriz secundaria para Anne Hathaway (Los Miserables) y pare de contar. Hasta ahí llegan los más seguros, y sin embargo es difícil ponerles un 100% en probabilidad.

"Argo" podría brindar con champaña la noche del domingo.

“Argo” podría brindar con champaña la noche del domingo.

Una de las categorías más interesantes es la de guiones (tanto original como adaptado), donde se libra una batalla de pesos pesados. Nada más de imaginar un ganador en alguna categoría uno empieza a sentir que debería de haber algún premio compartido. ¿Cómo reconocer a Lincoln como un mejor guión que el de Silver Linings Playbook? ¿Cómo dejar fuera la imaginación de Tarantino y su monstruoso guión en Django sin Cadenas para premiar el increíble trabajo de investigación y coherencia periodística y cinematográfica de Zero Dark Thirty?

Impredecible también resulta la elección de mejor actor de reparto (todos los nominados ya tienen una estatuilla dorada en casa), así como de actriz principal (el encanto y la atracción de Jennifer Lawrence, el poder de la interpretación de Chastain o el trabajo implacable de Emanuelle Riva) y las siempre impredecibles categorías documentales y de cortometrajes.

Finalmente la atención se concentrará en los últimos minutos de la emisión, cuando estén por decidirse los Óscares al mejor director y a la mejor película. Mientras que en el primero la batalla parece librarse entre Ang Lee (Life of Pi) y Steven Spielberg (Lincoln), la carrera está abierta y resulta difícil pronosticar un ganador para un premio que tendría favorito de haber sido nominado Ben Affleck (Argo). Y es que la película sobre la crisis de rehenes en Irán resulta ahora el caballo a apostarle en el premio estrella de la noche. Sin embargo, las cosas podrían dar un vuelco de último momento si se atiende a la estadística que dicta que sólo 3 películas de 85 ganadoras se han llevado la distinción a casa sin haberse llevado la de director.

Con Seth McFarlane como anfitrión (el hombre detrás del osito cariñosito Ted y Family Guy) se completa el panorama incierto que les espera a los espectadores de la 85 entrega de los Óscares.

La estatuilla está en el aire.

Para una lista completa de nominados,  aquí.

La transmisión de la ceremonia comienza con el ritual de la alfombra roja, este domingo 24, en vivo a partir de las 6:30 de la tarde, tiempo del centro de México.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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