La Maestra, Peña Nieto y Arjona

Desde el principio del sexenio, vamos, desde el inicio de la campaña, Enrique Peña Nieto ha hecho un gran esfuerzo por separarse completamente de la figura de Felipe Calderón. Si bien algunos candidatos proponían ser diferentes al mismo tiempo que nominaban a Calderón para puestos en el futuro gabinete, Peña Nieto decidió desde un principio establecer el eje de la diferencia entre lo eficaz y la ineptitud. El golpe a Elba Esther Gordillo se lee como el más reciente de estos desmarques en el área chica del panismo.

Frecuentemente, Peña Nieto y los priístas se presentaron como la “experiencia renovada”; es decir, aquellos que conocían como nadie en México el ars política y que casi por pura inercia de volver a la presidencia, “moverían” a México. Fue incluso antes de que Peña Nieto diera su primer discurso en funciones en el Palacio Nacional, aquel lejano primero de diciembre, cuando ya se le había dado un golpe (lo de cachetada suena demasiado sutil) con guante incluído a una de las insignias por excelencia del Calderonismo, la Secretaría de Seguridad Pública.

Para Peña Nieto y su equipo, lo importante es dejar los mensajes claros. A diferencia de un gobierno anterior que manejó de manera deficiente, contradictoria y polémica el asunto de la comunicación y la relación con la opinión pública, el gobierno peñista se ha destacado por la unidad en el mensaje y la reiteración del mismo hasta convertirlo en verdad oficial. De esta manera, cuando desapareció la SSP el mensaje verbal (del cambio, de la diferencia, del distanciamiento) era reflejado en los hechos.

No hay mejor manera de actuar para un pragmatista como Peña Nieto que el dejar en claro cuáles son las reglas del juego y por dónde se pueden mover las piezas. Es el mismo fenómeno que se ha repetido de manera sumamente interesante durante los albores de este sexenio.

Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón

Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón

Como ejemplos están lo ocurrido en Pemex, donde desde el gobierno no salió ninguna voz contradictoria o que pusiera en duda la versión oficial. No hubo mensajes cruzados ni responsabilidades improvisadas. El mensaje fue único y quedó muy claro.

Lo mismo sucedió la semana pasada con el tema de los impuestos a medicinas y alimentos que el PRI planea impulsar. Si bien dentro del partido (el más ecléctico y gelatinoso de todos, sin duda) hay posiciones divergentes en torno al tema, durante su pasada convención nacional decidieron (en franco respaldo a la agenda presidencial) apoyar la decisión de ir unidos en torno al gravamen de estos elementos. El mensaje claro, no sólo en el discurso de alguno, sino en la acción colectiva, en la demostración ante la cámara, ante el notario, ante quien lo requiera.

Así sucederá también, imagino, con el tema de la apertura a la inversión privada de PEMEX. De nuevo, el PRI es el mismo partido que vivió durante años de la nacionalización del petróleo y de su aura casi sagrada, y es ahora quien se presume será el impulsor de reformas que abran Petróleos Mexicanos al capital extranjero. Se verá de nuevo ahí como el mensaje se unifica y expresa de manera tangible.

Los ejemplos anteriores sirven sólo para ilustrar un punto de diferencia entre Calderón y Peña Nieto, la diferencia que éste último quiere dejar muy clara. Sin embargo hay más: está por ahí la Ley de Víctimas que Peña promulga a diferencia de su antecesor, o la mención de políticas sociales para prevenir más que enfrentar al narcotráfico y el crimen, la liberación de Florence Cassez…por nombrar una tercia.

Pero sin duda el desmarque más efectivo (a los ojos tanto de la opinión pública como de los poderes fácticos) ha sido la reciente aprehensión de Elba Esther Gordillo. Con este movimiento ajedrecístico, Peña deja muy mal parado a los gobiernos panistas anteriores, y pretende enviar el mensaje de un poder presidencial e institucional más sólido que el vivido bajo Calderón.

Ese desmarque le suma estatura política y casi hasta moral al nuevo presidente. Aunque quizá, lo que creyó que quedaría más en silencio es el mismo vicio por el que tantas veces fue criticado Felipe Calderón desde el priísmo y otros tantos lados el sexenio pasado: el uso político de la justicia.

Desde los Pinos se utiliza a la PGR para saldar cuentas políticas. Calderón lo hizo y ahora Peña también. O como diría Arjona, la diferencia es que no hay diferencia.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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