Periodismo de cavidades

Existen algunos oficios que se ejercen a título personal. Un jugador de la bolsa de valores no está apostando al beneficio común o al progreso social, sino a doblar sus ganancias. Pero en realidad son pocos comparados a los oficios que se ejercen en beneficio de los otros.

Ahí está el dentista que no obtiene ninguna satisfacción personal de arrancar muelas podridas u oler permanentemente a bicarbonato. El basurero que recoge los desperdicios de los demás, el psicólogo que vive 20 vidas conflictuadas al mismo tiempo (y luego tiene que dar consulta), o el rockero que se avienta a los brazos de la multitud, símbolo último de la entrega hacia su público, el objeto de su arduo trabajo. Ser papa es uno de estos oficios.

Esto es lo que debió pensar el nuevo líder de la iglesia católica cuando inclinó la cabeza frente a sus fieles en la plaza de San Pedro y antes de otra cosa pidió una oración de su grey para el nuevo pontífice. En ese momento, Francisco debió haber caído en cuenta que su trabajo es uno más de los que constituyen la mayoría de los trabajos en el mundo, los que se hacen con y por los demás.

Eso no implica que no haya quienes identificaran el potencial de esta condición tan humana de la vida en sociedad para hacerse ricos individualmente. De tal modo que el doctor dejó de ser recompensado con el cariño de la comunidad y su reconocimiento empezó a ser medido en metros cuadrados del Pedregal. O el servidor público, el diputado, que en el noble ejercicio de sus funciones decidió que su sacrificio bien valía una recompensa extra no estipulada por la limitada ley. En ambos casos se trata de oficios que ontológicamente se orientan hacia los otros, pero que terminan engordando las chequeras personales.

Sin embargo, uno de los oficios que por definición es altruista es el periodismo. En él, el periodista pone todo su empeño, conocimiento, horas de estudio, lecturas y reporteo para que otros lean, conozcan y puedan interpretar la realidad social de una mejor manera. “El periodista trabaja para sus audiencias, para sus lectores”, es la consigna que se escucha desde las aulas de periodismo en boca de profesores y profesionistas de la noticia. Y así debería ser: en principio el periodismo es una actividad social, que se nutre de las historias de todos, de la realidad construida de manera conjunta, de las noticias que afectan a quienes las leen, escuchan u observan.

En este sentido, el insumo fundamental del periodista para la construcción del relato son las fuentes, que por lo general, terminan siendo humanas. Poco nos puede decir la paloma que presenció desde la azotea contraria el estallido en el edificio de Pemex, y por ello el periodista tiene que valerse del dueño del puesto de jotdogs o del transeúnte despistado para armar la noticia. Esto representa un problema fundamental para el ejercicio del periodismo: una cruz con la que carga de manera inevitable.

Si bien algunas fuentes pueden resultar increíblemente valiosas, auténticas, verídicas, y sus aportaciones verificables, corroborables, en la mayoría de los casos el periodista es visto como la extensión del micrófono de algún interés específico; un autómata cuyo trabajo es memorizar (bah, ni eso, grabar) y después reproducir verbatim  lo que la fuente le ha dictado. Si esa noción existe entre las fuentes mexicanas hoy el día es porque los periodistas mexicanos se han encargado de que así sea.

Mr. Brockman

Mr. Brockman

No es raro encontrar en la prensa mexicana (lo raro sería no encontrarlo un día) notas construidas enteramente por declaraciones de este funcionario de poca monta o el otro miembro de la cámara de diputados. Este fenómeno, audazmente bautizado como “declarocracia” por Gideon Lichfield, corresponsal de The Economist en el país, no es particular a México, pero aquí encuentra arraigo especial entre un gremio que poco se ha preocupado por ir más allá de lo que las fuentes dicen. En tiempos de redes sociales e inmediatez noticiosa, el uso de las fuentes puede volverse aún más laxo: recuperar un tweet anónimo podría ser la única razón de existencia de una nota en algún portal o incluso en los medios impresos, obsesionados con replicar los modelos de comunicación en línea, en un afán de demostrar que #noestánpasadosdemodaysonbiencool.

Sí, el periodismo es parte de esos oficios que se ejercen para los demás—las fuentes—pero eso no significa que el periodista no tenga que ponerse los guantes para buscar las caries.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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