Arte y violencia

Una de las primeras lecciones de vida que se aprenden al enfrentarse con agresiones físicas o verbales es la pasividad. Nos dicen “déjalos, no les hagas caso y se detendrán”, o “ignóralo, te molesta porque le gustas”, “no le des la satisfacción de saber que te duele”, una y mil lecciones que nos educan para ser pasivos y tal vez romper con el ciclo de violencia en el que vivimos. ¿Pero hasta qué extremos puede llegar la violencia cuando la víctima no reacciona?

Rhythm 0

Hacia los años setenta en Estados Unidos los artistas performativos tenían fama de masoquistas. Muchos utilizaban sus cuerpos agresivamente durante sus presentaciones, y se decía que era el morbo y el sensacionalismo lo que los hacía atractivos. Para darle vuelta a algunos de estos mitos, la artista serbo-croata Marina Abramović produjo Rhythm 0, un performance en el que ella tomaba un rol completamente pasivo y se ponía a merced de su público.

Una mesa con 72 objetos cuidadosamente seleccionados: algunos eran para causar placer (flores, plumas, uvas, miel), otros para causar dolor (fuete, escalpelo) y algunos que podían causar la muerte (una pistola y una bala). Se explicaba a la audiencia que podían hacer lo que quisieran con los objetos y la artista por seis horas.

Objetos proporcionados a la audiencia para Rhythm 0 / Fuente: Autobserved

Los primeros minutos mostraron a un público tímido y pacífico que pronto se convirtió en el equivalente de un niño pequeño con juguetes nuevos: comenzaron a jugar con Marina y su cuerpo. A medida que el público comprobaba la impasibilidad de la artista, la violencia desplazó a todo lo demás. En una atmósfera profundamente agresiva, cortaron su ropa, le clavaron las espinas de una rosa en el estómago, la hirieron con un cuchillo, la llevaron semidesnuda por el cuarto. Alguien tomó la pistola y la apuntó a su cabeza y otra persona se la arrebató.

Rhythm 0 / Fuente: The Slide Project

Rhythm 0 / Fuente: The Slide Project

“Si le dejas la decisión al público, puedes ser asesinada”, fue una de las cosas que aprendió la artista.

La confrontación

Al pasar las seis horas, Marina se levantó, desnuda, ensangrentada y llorando, comenzó a caminar hacia la audiencia. Todos corrieron hacia la puerta. Huyeron.

¿Qué nos revela esto de la audiencia? ¿Qué nos revela de la humanidad misma?

De acuerdo a un análisis de la obra por Andrew Fishman, se puede comparar el resultado de este performance con el experimento de Milgram, un caso que abordaba el tema de la disposición de las personas de lastimar a otros bajo circunstancias inusuales. Sin embargo, el contraste es notable; mientras que en el experimento de psicología social se tenía una figura de autoridad que inducía al participante a causar dolor sobre otro individuo, en este caso es la mera pasividad percibida la que “persuade” a un grupo de personas a violentar a otra.

También se demuestra la rápida deshumanización de víctimas de la violencia. Mientras no reaccione, mientras no grite, mientras no se resista, una persona puede ser abusada y violentada sin que el agresor sienta remordimientos. Se culpa a la víctima, a su pasividad, a su reacción tardía, a su falta de resistencia, a que no dice No. Pero esto tiene que quedar claro: la ausencia de una negativa no significa un consentimiento.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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