Tradición vs progreso

“Los indígenas estamos dispuestos a combinar tradición con modernidad, pero no a cualquier precio”.

Rigoberta Menchú

En los albores del Siglo XX, distintos países entraron en un importante cuestionamiento que involucraba ámbitos sociales, políticos, culturales y económicos, sin embargo no le dieron la debida importancia a la situación. Como producto del choque cultural con Occidente, diversas regiones del mundo experimentaron una abrumadora conquista cultural que en algunos casos significó la erradicación de la cultura nativa en pro de la cultura extranjera. Aquellos países que mantuvieron su cultura o bien lograron un mestizaje con la europea experimentaron otro fenómeno a la llegada de la modernidad. Ante tal evento, la tradición supuso un obstáculo para el establecimiento de mecanismos que permitiera el desarrollo pleno de las economías, los sistemas políticos y las instituciones sociales. El “progreso” comenzó en detrimento de las culturas en algunas partes del mundo, ya fuera a través de su marginación o de su olvido.

Foto Reuters

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A pesar de que esta idea pudiera remitirnos a principios del Siglo XX, el hecho no es una cuestión del pasado. El pasado 22 de marzo se suscitó un evento ampliamente desapercibido por los medios de comunicación pero que nos ayuda a ejemplificar la idea aquí plantada. Aquel día en la ciudad de Río de Janeiro en Brasil, una acción policial desalojó a unos 50 indígenas de un edificio vecino al mítico estadio Maracaná, que será sede de la Copa Confederaciones 2013, el Mundial de Brasil del 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

La nota nos remite invariablemente al 12 de enero del presente año cuando se suscitó la primera tensión al respecto de esta situación puesto que un batallón de choque de la policía militarizada pretendió expulsar a un grupo de indígenas que vivían en el Museo del Indígena. El edificio ocupado data de 1862 y fungió como Museo del Indígena (el primer museo indígena de América Latina) desde 1953 hasta 1978. En plena decadencia del mismo, un grupo de 20 indígenas de diferentes etnias ocuparon el edificio como “símbolo de resistencia cultural” como lo relata el líder indígena Doitiró Tukano, del pueblo amazónico tukano o tucano.

En fechas recientes la gobernación de Río de Janeiro obtuvo una resolución judicial favorable para la devolución de la propiedad del predio. La idea consiste en demoler el edificio y colocar allí un establecimiento, un área de entretenimientos, un centro deportivo y un museo del futbol. A pesar de las intenciones del gobierno, la “aldea” ahí constituida siempre pugno por una resistencia pacífica pero que en caso de la intervención de la policía se defenderían. Los indígenas defienden la preservación del edificio dado que es una oportunidad para que los turistas que lleguen al país durante las grandes próximas citas, puedan apreciar las culturas locales.

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A pesar de la reubicación del museo, éste se encuentra en una parte de la ciudad alejada de la zona turística y por ende, fuera de la mirada mediática internacional. ¿Es que Brasil busca centrar la mirada internacional únicamente en la modernidad que lo ha posicionado como una de las economías emergentes? ¿El progreso está necesariamente peleado con la tradición?

Nemo el Capitán

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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