La muerte de la “Dama de hierro”

“No me importa cuánto hablen mis ministros mientras hagan lo que yo diga” (M. Thatcher, 1980)

Margaret Roberts, mejor conocida por su apellido de casada Thatcher, fue una mujer con indudable liderazgo e irrefutable personalidad -sea que se le amara o se le odiara-, miembro del Partido Conservador a través del cual marcó una era en la política de Gran Bretaña, misma que aún perdura. La dama de hierro falleció hoy 8 de abril de 2013, a los 87 años, tras sufrir una apoplejía, en el hotel Ritz (Londres), lugar en el que había estado viviendo últimamente.

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Margaret en la década de los 50/ Fuente: El País

Su historia como política nace en 1959, cuando formó parte del Parlamento, al ingresar al partido conservador. No es sino en 1975 cuando se convierte en presidenta de los llamados tories. Sin embargo, es hasta 1979 que gana el puesto de Primer Ministro, convirtiéndose así en la primera mujer en hacerlo en la historia del Reino Unido y en Europa. Perduró en ese cargo hasta 1990, siendo la persona que por más tiempo ha permanecido en ese puesto (por lo menos durante el siglo XX).

Su trayectoria política estuvo claramente influida por su tiempo y por las circunstancias que le tocó vivir –la Guerra Fría y el auge del neoliberalismo- y es en esas décadas en donde se debe analizar su contribución a la política inglesa.

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Margaret Thatcher/ Fuente: El País

Dentro de sus medidas más famosas, se incluyen la reducción de los impuestos, la disminución del gasto público, las privatizaciones y -quizá la más importante y por la que sería reconocida después-, la intensa aplicación del neoliberalismo pero sin que esto significara el debilitamiento del Estado. Para ella, el objetivo principal para una política económica satisfactoria era la estabilidad de precios. Otra característica de su gobierno fue que enfrentó el poderío de los sindicatos, dándole particular atención al sector minero. Este modelo implantado por Thatcher se mantiene a lo largo de una década, otorgándole a Gran Bretaña un crecimiento ininterrumpido. De hecho, fue el país europeo que más creció durante la década de los ochenta.

Quienes la conocieron, aseguraban que sus características principales eran la terquedad y la obstinación además de que era conocida por disfrutar los debates y discusiones, al punto de ser tildada de “amante del combate político”. A pesar de ello, también creía en el valor del esfuerzo y el progreso personal, por lo que no creía en el Estado benefactor y sí quizá en una meritocracia.

Otra de sus características era su marcado antieuropeísmo que se fue acentuado conforme adquiría más poder y presencia internacional. Si bien Gran Bretaña no es considerada como un hijo ejemplar dentro de la familia de la UE, (más información aquí) el antieuropeísmo thatcheriano se caracterizó por su obsesión. Sin embargo, en sus relaciones tanto con Europa con por ejemplo, Gorbachev, era muy dada al pragmatismo.

En cuanto a esto, el gobierno de Thatcher coincidió ampliamente con el de Reagan en EUA, con lo cual se formó un interesante binomio político transatlántico. Ambos conservadores y partidarios de la cooperación estratégica, lograron que Gran Bretaña y EUA estrecharan lazos bajo la sombra del capitalismo. Estando en la Guerra Fría, la prioridad estadounidense era la contención comunista, y Thatcher apoyaba fervientemente esta posición. Así que cuando se derrumbó el Muro de Berlín, y el bloque socialista se agotó, sus ideales se vieron cumplidos.

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Reagan y Thatcher/ Fuente: El País

Sin embargo, esto no significa que Reagan era su aliado favorito. Thatcher se vio influida por el dictador militar de Chile, Augusto Pinochet, quien llegó al poder tras el golpe de Estado a Allende el 11 de septiembre del 73. Los modelos económicos de ambos países y las ideologías no distaban mucho entre sí mismas. La alianza que se forjó entre ambos gobiernos se tradujo tiempo después en apoyo personal y hasta amistad. Ésta se ve reflejada en apoyo evidente de Thatcher  cuando a Pinochet lo arrestan en Londres en 1998 por orden de una captura internacional. Thatcher no sólo intercedió directamente por él –mandando cartas a Tony Blair, el entonces Primer Ministro, para pedir que se le liberara-, sino que frente a la prensa expresó su apoyo a Pinochet, alegando por ejemplo, que “estaba viejo y enfermo”.

Thatcher y Pinochet/Fuente: El Mostrador

Por otro lado, hay algunos eventos clave a los cuales es necesario referirse si se habla del thatcherismo. Éstos son, la guerra de las Malvinas en 1982 y el atentado de la IRA (Irish Republican Army) contra ella. El primer evento tiene su importancia evidente para ambos países (Reino Unido y Argentina), pero para Thatcher, significó la oportunidad para exacerbar los ánimos patrióticos; dándole así, la victoria a su partido en las elecciones de 1983, manteniendo de este modo el apoyo popular. Por cierto, durante la guerra, Chile apoyó a Gran Bretaña al interceptar información proveniente de Argentina, así como con radares y un monitoreo constante.

El segundo caso es notorio, no sólo porque deja claro la fricción entre ella y los nacionalismos separatistas como es el de Irlanda del Norte. En una de las múltiples confrontaciones, el Ejército Republicano Irlandés (IRA) –considerado por algunos como grupo terrorista-, decidió colocar una bomba en 1984 dentro del hotel Brighton donde se hospedaba la Primer Ministro. Saliendo ilesa del ataque, ella con entereza declaró su discurso en la conferencia del Partido Conservador al día siguiente, ocasión para la que se había hospedado en el hotel.

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Margaret tenía un importante apoyo popular/ Fuente: El País

Su puesto de Primer Ministro llegaría a su fin cuando la economía dejó de funcionar, y el partido la obligó a dimitir. Algunos de sus últimos enfrentamientos que de una forma u otra afectaron la decisión de su dimisión fueron el llamado impuesto de capitación, y el tema de Europa.

Se retiró de la vida pública en 2002 luego de tener una primera complicación cerebral. En cuanto a su funeral, Thatcher tendrá un entierro de tipo ceremonial con honores militares en la Catedral de San Pablo en Londres; y sus restos serán cremados posteriormente.

Finalmente, la influencia de Margaret Thatcher en la política británica es de tal magnitud que aún después de más de 20 años del término de sus funciones como Primer Ministro, sus políticas aún se consideran como esenciales para el país, y aún está en la mente de muchos británicos (europeos y en general la sociedad occidental, por lo menos), quienes independientemente de alabarla o aborrecerla, saben que es un personaje clave para el entendimiento de la época. Para bien o para mal, ella hizo una diferencia y probó que la audacia y la personalidad importan en la política.

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Thatcher/ Fuente: El País

Por: Frida Arriaga Cinta

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Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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