‘Nosotros también los extrañamos’

Hay una verdad universal, independiente de la banda o el género en un recital: el tipo de adelante de ti siempre es la persona más molesta de todo el concierto. Pero ayer hubo 60,000 en el Foro Sol que prefirieron ignorar al de enfrente y entregarse por completo a la banda de sus amores: The Killers estaban de regreso.

Pasaron 4 años desde la última presentación de la banda de Las Vegas en nuestro país, tiempo suficiente para que la espera entre la hora del boleto y la hora del comienzo del espectáculo se hiciera eterna. Con gradas repletas y una sección general donde se tenía que caminar con los brazos pegados al cuerpo, los asistentes encontraban en la cerveza o la mariguana el mejor pasatiempo. En algo ayudó que Louis XIV, la banda telonera, presentara como guitarrista principal a Ronnie Vanucci Jr., baterista de la agrupación por la que se habían vendido los boletos.

No hubo rechiflas o insultos a la banda introductoria, principalmente por su habilidad para engarzar las canciones una tras otra y no dejar silencios que invitan al descontento. Además de eso, Louis XIV hizo una presentación entregada, una propuesta que vale la pena revisar de nuevo, sin las ansias de la noche de ayer.

“Ya que empiece”, decía un joven a su hermano, quien pacientemente le explicaba que “en cuanto apaguen la luz, así, de putazo, es que ya va a empezar”. Para su infortunio, sucedió exactamente lo contrario.

En punto de las 21:45, con todas las luces del Foro Sol prendidas, Brandon Flowers caminó hacia el escenario. Con naturalidad se sentó en el piano, recibió al público con “Enterlude” y comenzó el concierto de una de las bandas más grandes del planeta en estos momentos. No necesitaban del dramatismo del putazo, ni una entrada rimbombante. Cuando eres The Killers te puedes dar el lujo de subir al escenario así.

Acto seguido los inconfundibles acordes de “Mr. Brightside” llenaron de emoción los ojos de miles, que se entregaron a un brinqueteo frenético, que incluía una inclemente lluvia de cervezas. Ambos, los brincos y la regadera de cebada, se mantendrían como apuntadores precisos de los momentos más álgidos de la noche.

Con un par de pantallas a los costados y otra inmensa que servía de telón al fondo (donde se proyectaron elementos alusivos a los videos musicales de la banda, simples imágenes ambientales o reproducciones en vivo de lo que sucedía con los músicos), the Killers se paraba frente al público más amplio para el que habían tocado en solitario en toda su carrera.

Cortesía: Reforma

Cortesía: Reforma

La emoción del cuarteto era palpable, sobre todo a través de la sonrisa rompe-corazones de Flowers y sus interlocuciones en español o inglés, que demostraban lo bien que lo estaba pasando. Así, después de “Spaceman”, el vocalista preguntó a la audiencia: “¿Nos extrañaron?” y después de la obvia respuesta, Flowers devolvió en un español perfectamente entendible: “Nosotros también los extrañamos”.

El carismático líder de la agrupación consiguió así echarse así a la bolsa a quienes ya estaban ahí de antemano. Lo que siguió fue un karaoke masivo, donde todas y cada una de las canciones que tocaba la banda era acompañada por la siempre afinada voz de la multitud. Flowers se percató de esto, y aprovechaba los estribillos de algunas para escuchar a los mexicanos cantar. Cuando el público empezó a corear un “oé oé”, Flowers detuvo el inicio de la canción siguiente para pararse con el sintetizador y musicalizar la porra. Estaba encantado.

No era el único. “The Way it Was”, “Smile Like You Mean It” ,”Miss Atomic Bomb”, “Human” y “Somebody Told Me” mantuvieron en alto el ánimo de los asistentes, que aprovecharon “Here With Me” para iluminar con pantallas de celular y encendedores la noche de sábado en el Foro Sol.

El cuarteto, apoyado por un par de músicos extra, no descansaba, y lanzaba al público un éxito tras otro de los cuatro discos de estudio y uno de lados-B con los que cuentan. No podían faltar “Read My Mind” (quizá la canción más coreada de la noche) o “All These Things That I’ve Done”, con el inconfundible grito de guerra que acompaña a la banda, desde las playeras que se vendían afuera hasta el coro masivo que provocan en sus conciertos. “I’ve got soul, but I’m not a soldier” repetían militarmente los miles de seguidores de Flowers y compañía.

Después de un descanso obligado, la banda regresó al escenario para cerrar con “This is Your Life”, “Jenny Was A Friend of Mine” y “When You Were Young”. Sin embargo, el “Battle Born World Tour” no podía cerrar su capítulo mexicano sin haberse escuchado la canción que le dio el título al álbum y a la gira. Y así llegó el momento más emocionante de la noche.

Mientras la banda prolongaba el final, Flowers descendió hasta las vallas que separan a los espectadores de sus ídolos y fue de inmediato alcanzado por miles de manos que no podían creer a quién estaban tocando. La sonrisa de Flowers al acercarse al público y dejarse querer sólo era comparable a la del público que estuvo en contacto con el vocalista. La emoción era innegable, y fue acentuada por el juego de fuegos artificiales que iluminaron el cielo que algunos sentían estar tocando.

El cantante regresó al escenario con un sombrero y una bandera de México que sustituía al escudo nacional por el famoso relámpago de The Killers. La banda ofreció una reverencia y se retiró del escenario. En las bocinas del Foro sonaba “When You Wish Upon a Star” de Pinocho.

Más de uno sabía exactamente qué pedir esa noche.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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