Why Can´t I Be You?

The Cure en México; Foto: Diego Figueroa

The Cure en México; Foto: Diego Figueroa

Robert Smith se pasea por el escenario, contorsionándose suavemente, con pasos casi infantiles. Suena “Why Can’t I Be You?” en el Foro Sol y el movido tema revitaliza al público mexicano. Han pasado ya más de tres horas de espectáculo y The Cure luce tan fresco como al inicio. Como hace 37 años. En el último concierto de su regreso a Latinoamérica, coincidiendo con el cumpleaños del niño Smith, la banda regaló hasta la última gota de energía, un delirio total.

En total el setlist se conformó por 50 temas, divididos en un gran bloque de 25 canciones y cuatro encores para el resto. La fiesta de cumpleaños de Robert comenzó poco después de las 20:30, cuando ya había obscurecido, y terminó pasada la medianoche. Minutos antes del inicio, el suelo de la Ciudad de México se movió en una escala de 5.8 grados Richter, pero el público mexicano prefirió aferrarse a su lugar hasta que el show comenzara. Pese al contratiempo, The Cure saltó al escenario.

Jason Cooper en la batería, Roger O’Donnell en los teclados, Simon Gallup en el bajo, Reeves Gabrels en la guitarra y Robert Smith en la voz. Arrancaron con “Open” y recorrieron prácticamente toda su producción discográfica, desde Three Imaginary Boys hasta 4:13 Dream. En ese primer bloque, sin interrupciones, llevaron al público hasta el fin del mundo, le cantaron canciones de amor, le hicieron trucos de magia, lo añoraron con viejas fotografías, lo atraparon en una telaraña, lo perdieron en el bosque, lo enamoraron un viernes, y finalmente, tocaron “End”.

Robert Smith en México; Fotografía: Fernando Aceves

Robert Smith en México; Fotografía: Fernando Aceves

Demostrando su vasta experiencia, The Cure se adueñó completamente del espacio. No sólo en los metros cuadrados que abarcaba su escenario, también en el ambiente. Sus rítmicos acordes iban acompañados de efectos espaciales que guiaban el sueño para los asistentes. Además, para cada canción se proyectaban fabulosas animaciones en las pantallas gigantes, todas ellas cuidadosamente concordando con el tema.

En la marea negra frente a ellos se alzaban varios letreros con felicitaciones personales por el cumpleaños del vocalista y también flotaban sobre la masa montones de globos de colores, por los que un tímido Smith agradecería más tarde. La afluencia mexicana tardó en ponerse de acuerdo, pero, en uno de los descansos de la banda, finalmente pudieron más o menos cantarle las “Mañanitas” y un intento de “Happy Birthday” al pequeño Smith que cumplía 54 años esa noche.

Durante el primer encore deleitaron a los asistentes con “The Kiss”, “If Only Tonight We Could Sleep” y “Fight”. Entonces tomaron un breve descanso y regresaron, con un fondo estrellado, para tocar “Plainsong”, “The Same Deep Water As You” y la aclamada “Disintegration”.

En The Cure de inmediato contrastan los dulces versos de sus éxitos con la imagen desalineada y sombría del cantante. Ello pone en jaque muchas veces el género en el que son clasificados, a lo que Smith regularmente responde que “toca música de The Cure, sea lo que sea que eso signifique”. Pero en esa última presentación del LatAm Tour dejaron muy claras sus pretensiones rockeras, con improvisaciones y fantásticos solos de guitarra. Para su tercer encore tocaron temas como “A Strange Day” y “Fascination Street”, entre otros.

La dura jornada fue mellando la energía y ánimo del público asistente. Para la última parte del show, con la luna en el punto más alto, algunos de los asistentes comenzaron a salir del monstruo de mil cabezas. Caso contrario era el de la banda, que para su última sección se encargó de revivir al público. Pese a que las piernas pesaban, fue imposible no bailar con “The Lovecats”, “Hot, Hot, Hot!!!” y “Let´s Go To Bed”.

Público mexicano de The Cure; Foto: Fernando Aceves

Público mexicano de The Cure; Foto: Fernando Aceves

A continuación siguió “Why Can’t I Be You?”, momento pico en la noche. The Cure tan maravilloso que el público hacia lo que fuera por ellos. La gente estaba hambrienta de nuevo. Todo lo que la banda hacía era irresistible, besable, simplemente delicado, muy angelical, delicioso. Smith y compañía voltearon el mundo de cabeza. Simplemente elegante.

Las rarezas en el setlist continuaron con Robert Smith, solo con su guitarra, interpretando “Three Imaginary Boys” y extrañamente “Fire In Cairo”. Luego regresó su banda y tocaron el clásico “Boys Don’t Cry” y el comienzo de todo “10:15 Saturday Night”. Cerraron con una explosión de energía, arriba y abajo del escenario, con R. Smith mutado en Meursault, tocando “Killing An Arab”.

Después de eso salieron la batería, teclado, bajo y guitarra de escena. Se quedó Robert, solo frente a su gente. Él lucía tímido, completamente agradecido. No dijo adiós, dijo “nos veremos otra vez”. No dio reverencia, parecía que no sabía cómo agradecer. Saludó de un lado del escenario y luego del otro. Miraba hacia la lejanía donde también lo aplaudían. Sonrió y se fue.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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