Amor adolescente ochentero

Si los ochenta fueran una preparatoria, John Cusack y Molly Ringwald serían definitivamente los reyes del baileDurante esa década, ambos estelarizaron un sinfín de películas de amor adolescente y nos regalaron vastas escenas románticas consideradas al día de hoy como icónicas. Mucho de lo que conocemos de las preparatorias estadounidenses viene de estas películas y ahora que hemos dejado esa curiosa etapa adolescente, verlas provoca una gran nostalgia. Lo que sigue es un intento de recopilar algunas de las más representativas películas de amor ochenteras, que triunfan no por haber sido hechas en esta época, sino por sus historias, que trascienden el tiempo y espacio en el que fueron producidas.

Say Anything

sayanything

Esta película sigue el romance de Diane Court –la chica más inteligente de su generación– y Lloyd Dobler, chico con un futuro aparentemente no muy brillante. Se conocen el día de su graduación y ella está a punto de irse a estudiar a Inglaterra pero los encantos de Lloyd y un inesperado problema con su padre la harán reconsiderar. Además, ¿quién no cae a los pies de alguien que va hasta tu ventana con un boombox a tocarte una canción de Peter Gabriel? (Véase imagen de John Cusack con atuendo ochenterísimo).

Sixteen Candles

John Hughes es uno de los más grandes referentes de peliculas de los Ochenta y  uno de los mejores observadores de la juventud en esa curiosa década. Sus producciones son un reflejo casi perfecto de esa etapa en la vida en donde reinan los dramas y las hipérboles inundan el lenguaje: la preparatoria. En esta historia, todos se olvidan del cumpleaños dieciséis de Samantha Baker y la celebración se vuelve todo menos dulce. “This is the single worst day of my entire life”, dice Samantha haciendo uso de la mencionada hipérbole. Aparte de esto, un chico muere desesperadamente por ella mientras el chico que le encanta ni siquiera sabe que existe. Pensándolo dos veces –y recordando mi “dramática” pubertad–, no me atrevo a decir que Samantha exagera al decir que es el peor día de su vida.

(la mala calidad del video añade a la nostalgia por los ochenta)

Pretty in Pink

Pretty-in-PinkRecientemente Molly Ringwald tuiteó: “Showing ‘Pretty in Pink’ to my nine year old for the first time. She’s ‘Team Duckie.'”, y una ola de nostalgia circuló por la red social. Eran las épocas en donde Jon Cryer no era Alan Halpert de Two and a Half Men, sino “Duckie”, uno de los chicos más cool que ha pasado por la pantalla grande; época en donde los lentes redondos eran una moda actual y no vintage. En esta entrega Molly Ringwald de nuevo se envuelve en un triángulo amoroso con Duckie, su mejor amigo, y el chico rico de la escuela. La historia puede parecer simple pero la moda, el diseño de arte y el ingenioso guión hace de esta película un deleite de principio a fin.

Heathers

Donas para el cabello, pelea de chicas por popularidad, romance y sacos con hombreras. ¿Qué más se puede pedir de una película ochentera? Esta película de Michael Lehmann, que ahora trabaja en series como Bored to Death, True Blood, Dexter y American Horror Story, nos enseñó el sistema social de las preparatorias estadounidenses antes de que Mean Girls llegara con su mapa de la cafetería. Heathers es una comedia negra sobre lo que es ser un puberto en la preparatoria, descubriendo el amor y queriendo ser desesperadamente cool –sin lograrlo–. Se pone mejor, estelariza Winona Ryder, Christian Slater y Shannen Doherty antes de que se convirtiera en una de las brujas de Charmed. 

(nostalgia también por los trailers con narrador)

The Breakfast Club

Probablemente la mejor película sobre adolescencia que se ha hecho no solo en los ochenta sino en la historia del cine. En poco menos de dos horas capta la esencia de esta añorada etapa en nuestras vidas y nos recuerda que por diferentes que podamos ser siempre podemos aprender a querer al otro si conocemos su historia. The Breakfast Club es estelarizada por dos chicas y tres chicos que coinciden un sábado en detención. No se conocen y no deberían platicar ni agradarse pues pertenecen a distintos grupos –populares, atletas, nerds, rebeldes, rechazados– pero esto cambia cuando la esencial rebeldía de su juventud los une en contra de la autoridad. Es una película que pretende ser ligera pero realmente tiene un trato profundo sobre las relaciones personales, los estereotipos y los problemas que hay detrás de cada uno de éstos. Como último apunte y editorializando completamente esta nota, diré que la escena final –completamente cursi– es franca y llanamente grandiosa. No lo intenten, el mejor final romántico ya se escribió: un chico levantando el puño en señal de victoria porque consiguió a la chica.

Por Daniela S./@ItsDaniee

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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