Más propuestas, otras propuestas

Hoy se cumple exactamente un año desde la visita de Enrique Peña Nieto como candidato presidencial a la Universidad Iberoamericana. Imagino que ese día se habrá levantado de la cama con una confianza excepcional. Había decidido acudir a dos encuentros de los que había renegado mucho tiempo: una entrevista radiofónica en vivo con Carmen Aristegui, y un encuentro con estudiantes universitarios sin un auditorio cooptado en su totalidad por huestes priístas.

De la cabina de Noticias MVS tomaría Paseo de la Reforma hasta llegar a Santa Fe directamente. Un día para matar dos pájaros de un solo tiro, pensó.

La entrevista quedó totalmente opacada por lo sucedido en la universidad jesuita. Mientras Peña Nieto trataba de escapar de una muchedumbre que lo acosaba a gritos y pancartas, yo me encontraba en otra universidad menos efervescente, donde Gabriel Quadri había salido entre aplausos el mes anterior.

Al mediodía del 11 de mayo la noticia de lo sucedido en la Ibero ya estaba en todos los portales informativos; pero sobre todo, en las redes sociales.

Cuando vi la nota por primera vez, mi respuesta instantánea fue de emoción. Me alegraba genuinamente de observar cómo alguien (o varios) se atrevían a criticar de frente y sin tapujos al candidato más protegido de la historia contemporánea en México. De cómo finalmente se le cuestionaba con firmeza al hombre que sólo aparecía tras el cristal insuperable del televisor. Cómo  se expresaba el descontento, la inconformidad y la negativa de miles frente a la figura de Peña Nieto. Porque para mí y muchos, era insostenible la premisa del Peña Nieto presidente desde 2005.

Se cumple un año de la visita de Enrique Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana

Se cumple un año de la visita de Enrique Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana

No conocía a nadie que abiertamente defendiera al candidato priísta, o al PRI en su defecto, y sin embargo todo mundo apuntaba la figura de Peña Nieto en la silla presidencial. Lo que es peor, todo lo que escuchaba del ex-gobernador (viniendo de profesores, compañeros y amigos) era terriblemente negativo, pero sobre todo, crítico. Al parecer todos conocían de los abusos de Atenco, todos estaban al tanto de su sobreexposición mediática y todos opinaban más o menos lo mismo: el candidato Enrique Peña Nieto era una figura de plástico.

Por eso cuando finalmente se expuso a la crítica, Peña Nieto fue zarandeado. En su intento de defender las acciones de Atenco, terminó por encender aún más a un público que poco creía en las palabras de quien improvisa sin teleprompter. Encima de todo, se trataba de universitarios, lo cual validaba de cierto modo la crítica aún más (aunque fuera en el papel) y le imprimía un aire melancólico de 1968 y de grandeza juvenil.

Lo que vino después lo conocimos todos. El nacimiento del #YoSoy132, las manifestaciones en contra de Peña Nieto y las acusaciones directas a grupos como Milenio, Televisa o la OEM. Lo que para muchos era el comienzo del fin de la candidatura de Peña Nieto, para otros no era más que la manipulación directa de los jóvenes por parte de otros intereses.

Ni uno ni otro. Enrique Peña Nieto venció en la elección presidencial y el movimiento se diluyó lentamente a raíz del resultado. Hoy a un año de distancia, el ambiente político y la participación juvenil son radicalmente opuestos.

En principio, aquellos que antaño criticaban a Peña Nieto hoy reconocen su pragmatismo político y su concertación entre las distintas fuerzas nacionales. Se discute el papel de México en el mundo y se hace eco de su propuesta de cambiar el tono de la conversación nacional, de la violencia a las reformas. Lo cierto es que hubo indicios durante la campaña (como este magnífico perfil de Carlos Puig en Letras Libres) que apuntaban al carácter político y a la visión de Peña Nieto. El problema es que la campaña, en buena medida debido al movimiento #YoSoy132 descartaba cualquier análisis más profundo del de “asesino” sobre la figura de Peña Nieto; el que lo hiciera se trataba de inmediato de un vendido, y un opositor de la causa universitaria (nadie quiere jugar ese papel).

Hoy, los “movimientos” juveniles de los que nos llegan noticia son aún más estrechos en su visión del mundo e increíblemente más escuálidos en su dimensión política, ideológica y de propuesta. Veinte encapuchados toman la Rectoría de la UNAM y culpan al FMI de sus actos. Duermen ahí algunos días e invocan la noción del lumpen y la figura de Flores Magón. Su demanda principal: que no se les castigue por tomar la Rectoría. Un círculo vicioso que sólo hace visible, paradójicamente, las ausencias de su pensamiento.

Como también está ausente, en este aniversario, el espíritu crítico, organizado, horizontal y sobre todo propositivo que caracterizó al #YoSoy132 en sus albores. Esa fuerza y consciencia política no debería de perderse, o trivializarse en programas de medianoche que no van a ningún lado. No debería regresar cabizbaja a Twitter, sino consolidarse en la esfera pública nacional.

Necesitamos más propuestas, otras propuestas.

 

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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