Dos momentos políticos

No es la mejor semana para hablar de los Estados Unidos. En estos momentos la Casa Blanca está pasando por una serie de crisis (mayores o menores según el lente donde se mire), que han minado la imagen de la presidencia de Barack Obama, que hacen que algunos hablen de la maldición del segundo término, y que otros habrán de señalar como las razones principales detrás del poco apoyo a las propuestas presidenciales.

En primer lugar, la prestigiosa agencia norteamericana de noticias Associated Press reveló que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos había obtenido registros de las llamadas telefónicas de sus reporteros. Esto es considerado una grave intromisión de la libre labor periodística y un atentado contra la privacidad (de las fuentes y de los mismos periodistas). El Departamento (y la presidencia, donde termina yéndose todo) se escuda diciendo que se trata de una manera de evitar las filtraciones. Filtraciones en materia de seguridad nacional, como que AP revelara un fallido intento terrorista que la CIA habría desmantelado. Aún así, el episodio recuerda a uno de los momentos más oscuros en la historia de la presidencia norteamericana, el Watergate, cuando otro presidente, Richard Nixon, tenía también teléfonos intervenidos. Nadie querría ser relacionado con ello.

En segundo término hablamos del pleito entre la oficina recaudadora de impuestos (el equivalente a Hacienda en nuestro país) y algunos grupos políticos conservadores, específicamente aquellos ligados al Tea Party. Lo anterior provocó el despido del titular de la dependencia y de nuevo salpica la imagen de Obama, donde parecen caer todas las críticas. Algunos consideran esto como un ataque indirecto del presidente a esta organización que no ha sido otra cosa que un dolor de cabeza desde el arranque de su presidencia.

Y finalmente regresa a la agenda norteamericana lo sucedido el año pasado en Bengasi, Libia, donde un grupo de manifestantes logró ingresar a la embajada norteamericana y finalmente acabar con la vida del embajador en ese país, Chris Stevens. Ahí el debate principal se construye alrededor de lo que hizo o dejó de hacer la presidencia cuando tuvo que explicar lo sucedido. ¿Habló de terrorismo en un principio? ¿No lo hizo? ¿Actuó de manera adecuada? A la fecha, y después de múltiples comparecencias, correos electrónicos publicados e investigaciones del Senado, lo que sucedió ese día aún no está claro. Y de nuevo Obama es el responsable.

De diferentes tamaños y perspectivas, aquí en México también hemos tenido nuestros escándalos en últimos días. Desde el caso de Humberto Benítez y su despido como titular de la Profeco, pasando por las acusaciones ahora diarias del Partido Acción Nacional del uso político-electoral de los programas sociales por parte del PRI y hasta llegar a la situación cada vez más aguda en estados como Guerrero o Michoacán.

Sin embargo, lo curioso es que la figura de Enrique Peña Nieto no ha sido zarandeada, como sí la de su homólogo norteamericano. ¿Por qué?

En el caso de la Profeco podemos establecer un símil con lo sucedido con Hacienda en los Estados Unidos: se trata del uso indebido del poder de parte de una dependencia de gobierno. Un actuar poco responsable y apartado de  principios estrictos. Mientras que allá Obama es visto como directamente responsable, aquí Peña Nieto no figuró en el caso de la Profeco hasta que tomó la decisión de cesar a su titular y de esta manera aparecer como el jefe intachable. Obama también cesó al titular del IRS (por sus siglas en inglés) y en poco ayudó.

En lo que respecta a los escándalos de la Sedesol y la Cruzada contra el Hambre, la figura más afectada ha sido la de Rosario Robles. Peña Nieto cometió una irresponsabilidad al tratar de minimizarlo en un discurso y esas palabras han sido el único foco de crítica a lo que sucede en Veracruz y otros estados, en cuanto a la figura del presidente corresponde.

Finalmente la situación de inseguridad e ingobernabilidad en Michoacán o Guerrero ha sido blanco de las más severas críticas en contra de los gobiernos estatales, pero de nuevo Peña Nieto parecería salir indemne de una situación que claramente lo compete.

Ciertamente vivimos dos momentos políticos muy distintos entre ambos países. Aquí para Peña Nieto sólo hay alfombras rojas, aplausos y abrazos al aire. Para Obama hasta gritos de fascista. ¿Cuánto más durará la luna de miel del presidente?

Cortesía: Notimex

Cortesía: Notimex

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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