Hijo de familia

Hoy en día es muy fácil saber qué hubiera pasado con nosotros de haber nacido en otra familia. Gracias a la televisión, hoy podemos formar parte prioritaria de los más diversos clanes.

Un día podemos despertar y ser una Kardashian, y al siguiente (o en dos horas) ser hijo de Gene Simmons o Hulk Hogan. Los reality shows han convertido cualquier estancia o comedor en un set de televisión, y la supremacía de los teléfonos inteligentes reflejan la preponderancia de las cámaras en nuestras vidas.

Otros ejercicios como Big Brother han logrado introducirnos a la dinámica misma de una casa a la que no pertenecemos de manera exitosa: votamos y sufrimos por los nominados o los eliminados que ni siquiera conocemos.

O quizás sí.

Quizá tantas horas frente a la televisión, tanto protagonismo en las sobremesas y en las revistas provoca el efecto deseado: los espectadores son parte de esa familia extendida. Sólo así se pueden medir los niveles de éxito de uno de esos programas.

A través de los noticieros, que pueden fungir como realities extendidos, también conocemos otros clanes. Conocimos a la familia Gaddafi cuando uno de sus hijos intentó venirse a vivir a nuestro país. La familia real nos tiene a todos en vilo con el nacimiento del hijo de Catalina y Guillermo. Las hijas de Barack Obama vienen a vacacionar a Oaxaca y nos enteramos cuando el presidente norteamericano les compró un perro.

Así a fechas recientes nos hemos enredado en un reality tropical: el de la familia del químico Andrés Granier.

El ex-gobernador de Tabasco ha sido protagonista de las emisiones informativas por el desfalco al que sometió a su entidad bajo su mando. Una combinación leguleya de lavado de dinero, desvío de recursos, peculado y otras lindezas tienen a Granier detenido en el Reclusorio Oriente de la Ciudad de México.

Lo verdaderamente interesante es que a través de las acusaciones en contra de Granier también nos hemos enterado de las andanzas de otros miembros de la familia, sobre todo su hijo. A él también se le señala en los medios como uno de los beneficiarios directos de la naturaleza espléndida de su padre.

Sería ocioso entonces preguntarle a él sobre los negocios o las maquinaciones administrativas del ex-gobernador.

El químico en entrevista

El químico en entrevista

Pero, ¿qué hay de sus otros hijos? ¿Y qué hay de los otros miles de hijos de políticos indiciados, señalados o tras las rejas que duermen todas las noches con un apellido impronunciable?

¿Qué piensan ellos de sus padres?

No es deber periodístico ir a entrevistar a los hijos de los políticos. Suelen ser considerados la “vida privada” de los hombres públicos y por ende se procura un poco más de privacidad. Pero en un ejercicio imaginario, hacerle la pregunta a los hijos de Granier, Romero Deschamps, o García Luna no es mera ociosidad.

Imaginemos el caso de la familia García Luna. El ex-secretario de seguridad pública, artífice de la Policía Federal, la Agencia Federal de Investigaciones y brazo derecho en la lucha armada de Felipe Calderón en contra del narcotráfico ha sido objeto de las más diversas acusaciones (unas más fundamentadas que otras), que corren desde el enriquecimiento ilícito hasta el involucramiento directo con las organizaciones del crimen organizado.

Los adjetivos denostando a García Luna vuelan por las redes sociales, los periódicos, las revistas, las ondas radiofónicas, la televisión y los libros. No hay manera, por más que Don Genaro se esforzase, de que sus hijos no estuvieran expuestos a esa información.

En Los Soprano, Anthony Jr. no tiene idea que su padre es el jefe de una organización criminal en Nueva Jersey. Sus compañeros de clase le hacen comentarios sutiles que él no alcanza a entender. Los capi de la organización son para él “tíos” y nada más. Hasta que la hermana mayor le pone enfrente una página de internet que documentaba la información relativa a Tony Soprano y la familia gangsteril que dirige. La reacción del niño (la realidad que se impone a la ficción narrada desde el seno familiar) es el eje de un episodio completo, que termina con una mirada ambivalente del hijo al padre.

En las otras familias: ¿seguirá ganando la ficción? ¿Habrá siquiera intentos por hacerla creíble?

El cinismo, como el kardashianismo, ¿se contagia por el contacto prolongado?

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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